¿HAY ALGUNA RELACIÓN ENTRE EL CASO AMBAR CORNEJO Y EL DE CALDERÓN ARGANDOÑA? Por Leonardo Yáñez silva*

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Hace unas semanas el país entero se estremeció con la sórdida trama de hechos que terminaron con el lamentable crimen de Ámbar Cornejo. Unos cuantos días después hemos conocido un caso, también lamentable, horroroso, en que un hijo apuñala a su padre, aparentemente porque éste acosa sexualmente a la pareja de aquél.

¿Qué diferencias y qué similitudes hay entre uno y otro caso?Revisemos la familia. En ambos casos resulta inapropiado hablar de familia, pensando en ésta como aquel núcleo acogedor de los hijos, preocupado de su entorno, formativo de aquellos valores y principios que le son más caros a cada una y generosa de ejemplos de aquellos valores y principios; preparatoria de una adultez madura, responsable, solidaria con los otros y comprometida con la comunidad.

En ambos casos no existe presencia de ambos padres, los hijos crecen solos, se construyen a sí mismos, en medio de discusiones, riñas y agresiones y luchan por sobrevivir a su modo y con los elementos en que han crecido. La tradicional figura materna cómo elemento aglutinador del grupo brilla por su ausencia en ambos casos: acompañada de negligencia y desprotección, complicidad e ilicitud, en un caso; acompañada de personalismo enfermizo, anhelo por la sobre exposición televisiva, prepotencia desmedida, exacerbación de valores individualistas y exitismo basado en el dinero, en el otro.

La familia en ambos casos ha explotado en mil pedazos hace muchísimo rato si es que alguna vez existió. A ese respecto nadie propone un cuento de Hadas ni un “hasta que la muerte los separe”, ni mantener la escenografía de la familia feliz, similar a las posturas de “los niños primeros en la fila” o de la “defensa de la vida” para rechazar el aborto, que son expresiones de utilería religiosa retrograda, conservadora, racista e ideológicamente neoliberal, sólo para establecer distancia de los “pobres”, los “comunistas” o los “izquierdistas” en general.¿Quiénes son las víctimas en estos casos? Ámbar sin ninguna duda, no sólo por lo irreversible de su resultado, sino, además, por haber estado rodeada desde su nacimiento de miseria humana pero también de miseria material y de recursos económicos. Cuestión ésta última que determina irremediablemente cualquier posibilidad de escapar al destino que conocimos.

Carente, por si fuera poco, de una madre desprovista de ese “ethos” esencial que por muy ignorante, muy pobre o muy golpeada que sea siempre aparece potente y orientador en la gran mayoría de ellas. El joven Calderón también es una víctima de similares condiciones familiares pero lo diferencia de Ámbar el oropel que le rodea desde la cuna, la abundancia material que lo inunda desde pequeño y que no le permite ver los límites a la conducta, ni educar la frustración, ni practicar la tolerancia; todo es adquirible, comprable o vendible, nada es impedimento para el dinero, todo y todos tienen un precio. Lo único importante es poseerlo y en abundancia.

La cuantía de la cuenta corriente es la cuantía de tu importancia social y de tu aceptación en la sociedad.¿Qué rol juega la legalidad y el derecho como telón de fondo del devenir familiar y de sus protagonistas, como reflejo de los límites al comportamiento? ¿Quiénes viven al filo de la legalidad y en ocasiones actúan al margen de la ley?

En un caso el acercamiento a la legalidad y la ley es simplemente de infractor, puro y duro: el conviviente de la madre de Ámbar, sin duda. Su madre, a su vez, si no traspasa claramente la delgada línea de la ley, en realidad camina sobre ella al hacer caso omiso de los llamados de su hija, es refractaria a su clamor. Vive al filo de la legalidad por el sólo hecho de vincularse con sujetos prontuariados, se entera de hechos que no pone en discusión ni rechaza convirtiéndose en cómplice, se adapta, como ocurre en gran parte de las familias empobrecidas que conviven con la droga y el narcotráfico citadino popular.

Son también víctimas, finalmente. En el otro caso, donde la ley debiera ser una especie de baluarte por ser el padre abogado, la hermana abogada y él mismo estudiante de derecho, la madre postula a los cuatro vientos en los estelares de la TV católica “el que me la hace la paga” o lo que es lo mismo “ojo por ojo, diente por diente”, lo que dista mucho del respeto a la ley, es estar derechamente al margen de la ley. Igual que las carreras de autos clandestinas: al margen de la ley. Y de las drogas y el consumo de estupefacientes, y de las apuestas ilegales asociadas, y el exhibicionismo de modelos de autos millonarios, y de la vista gorda que hace la policía de los niñitos de bien, y de la condena tácita y permisiva de la autoridad política y de la televisión, y etc. y etc.¿Qué hay de la figura paterna, tan central en nuestra cultura cristiana occidental misoginia?

Absolutamente ausente física y sentimentalmente en el caso de Ámbar. Probablemente sin ningún peso ejemplar en dirección alguna. Su resultado es cero.

De sus sucedáneos paternos impuestos sólo peligro y daño. En el caso del joven Calderón, la figura paterna está físicamente presente pero, a juzgar por los hechos, no ha ejercido ni ejerce como un modelo de recta conducta, no representa un ejemplo a seguir, más bien ha estimulado los peores resortes formativos que la sociedad chilena exhibe: individualismo, materialismo, debilidad por el dinero y ninguna preocupación por el trabajo honesto, perseverante y riguroso como medio para conseguirlo.

De comprobarse que la conducta de Calderón padre con la polola de su hijo efectivamente ha sido de acoso sexual, no habría diferencia cualitativa con la exhibida por el conviviente de la madre de Ámbar. Ambas relaciones se despliegan sobre la plataforma degradante de la misoginia. Asumen como parte de una conducta normalizada e incorporada a las relaciones interpersonales, el abuso a la mujer o a las niñas, agravado en el caso de quien tiene un juramento de respeto a la ley y la justicia.¿Qué es lo que ha promovido y estimulado conductas tan aberrantes como normalizadas en nuestra sociedad?

Los factores son numerosos pero digamos lo siguiente. La globalización nos mantiene en una relación (pseudo) cercana a todo lo que acontece alrededor nuestro y a la vez super lejana de esa realidad.

Es la cercanía e inmediatez a la “información” de lo que ocurre pero es la lejanía y la ausencia perceptiva de la “relación” con el (los) otro(s). La globalización no reemplaza y mucho menos aporta, la necesaria relación ni la necesaria interrelación entre las personas. Por esta razón, entre otras, el lenguaje digital ha tenido que incorporar los llamados “emoticones” para incorporar en el lenguaje escrito algo imprescindible: sensación/percepción/juicio, la esencia de la comunicación. Lenguaje y comunicación no son lo mismo, claramente.Dicho esto, la mirada pública y de los medios de comunicación acerca del drama de ambas familias trasuntan lo que la sociedad ve en cada caso. Todo lo que acontece al interior de los hogares pobres y marginados es susceptible de ser evaluado, comentado y discutido por todos; ellos no tienen derecho a la intimidad.

Por el contrario, lo que acontece en hogares acomodados y “poderosos” no se puede tocar; ellos tienen derecho a la intimidad y una institucionalidad completa para protegerlos. Entre los pobres y marginados es “esperable” que estas aberraciones (incesto, acoso, violaciones y crímenes) ocurran. Entre los acomodados y poderosos esto es sorpresivo, inédito, inesperable.

El “factor” determinante que libera del escrutinio público y que otorga el perdón a comportamientos fuera del control legal y moral de la sociedad es uno sólo: la riqueza, el dinero, el poder. En ambos casos la presencia de este “factor” es diferenciador, ostensiblemente diferenciador en el juicio público, el acercamiento de los medios de comunicación, el trato dado a los protagonistas, y, lamentablemente, la forma y el contenido en que se aplica la justicia a los acusados y a las víctimas. En rigor, el subdesarrollo ético y moral de la sociedad se expresa dramáticamente en que hay justicia para ricos y justicia para pobres.

No sólo se ha desintegrado la familia sino la red de relaciones e interrelaciones sociales que se venían cultivando en Chile desde el inicio de la república y posteriormente con los esfuerzos de industrialización nacional. Un tejido social que lentamente y en múltiples espacios se desarrolló hasta casi ser un ejemplo internacional.

Genuina expresión de la constelación de múltiples roles en la que los chilenos participaban desde pequeños, primero en los jardines y las escuelas, luego en los liceos y centros de educación superior, compartidos por familias de diferentes estratos. Hijos de obreros y trabajadores compartían con profesionales y empleados, dueñas de casa y trabajadoras eran vecinos y se aglutinaban en un “barrio”.

Participaban en la Juntas de Vecino, Clubes Deportivos, Centros de Madre, Centros Culturales y en las escuelas y liceos del sector. Las familias, sus integrantes, cercanos o lejanos enfrentaban sus problemas globales y compartidos, asumían sus desafíos y celebraban como población, barrio, villa o comuna pero, colectivamente.

Fue cercenado con bayoneta calada, el país fue dividido, las relaciones e interrelaciones personales y sociales segregadas, segmentadas y atomizadas, hasta decir basta. Los pobres fueron “erradicados” a la periferia: San Bernardo, La Pintana, El Bosque, La Florida, Puente Alto, Maipú, Lo Espejo, Cerro Navia, Recoleta, etc. La pobreza se mantuvo y aumentó. Empezó a imponerse, también a bayoneta calada, la idolatría (o ideología) del dinero, paradojalmente, con su secuela de miseria, tal como lo observamos en los casos de la niña Ámbar y el joven Calderón. Así terminamos con los ricos por determinadas zonas, los pobres por otras diferentes pero lo más lejanas posible, sin embargo aquí y allá el mismo crimen, las mismas conductas delictivas, las mismas culpas y las mismas víctimas: las niñas inocentes como Ámbar y la sociedad en descomposición acelerada.

La universidad no alcanzó a proyectar el vínculo de forma más profunda entre el territorio y el ejercicio profesional pero la participación en las industrias, los centros de educación superior, las minas e incluso en el campo, cimentó las relaciones entre ciudadanos de distintos estratos y de distinta educación en los problemas sectoriales mayores y en los problemas como país. Pero este tejido social explotó junto con el bombardeo al Palacio de la Moneda.Se perdió con esto uno de los principales y más efectivos de los controles sociales: el que ejerce la propia ciudadanía contra aquel que se sale de madre en el grupo. El que ejerce la propia familia incluso sobre sus integrantes cuando éstos desarrollan actos o conductas que el grupo mayoritariamente condena.

Más efectivo que la cárcel e incluso que la pena de muerte, porque en ellas hay vínculos emocionales y sentimentales, muchas veces los únicos capaces de inhibir conductas desviadas del transgresor, por representar un poder y un peso “significativo” para éste.El desafío pendiente del conjunto de la sociedad –es decir con la participación de todos los sectores organizados, informados y respetuosos del otro–, y de los líderes e instituciones llamadas a generar los cambios necesarios, es construir un contexto socio-político-cultural decente y honesto, opuesto a lo corrupto, promotor de un individualismo edificante, liberador y solidario, consistente con el esfuerzo y el éxito colectivo, opuesto a la visión de “todos enemigos de todos”, colaborativo con el entorno inmediato y nacional.

Un contexto comprometido con la transparencia individual y colectiva, estimulante del éxito personal, recursos materiales o dinero pero no a cualquier costo y jamás fuera de la ley o de los límites éticos elementales. La conducta política y la puramente pública y de aquellos cuya responsabilidad empresarial compromete el destino de miles de personas, sometida rigurosamente a la lupa no sólo de los órganos e instituciones del Estado responsables de su fiscalización, sino también de los medios de comunicación y ante todo, del veredicto regular, sistemático y permanente de la ciudadanía en todos los niveles, con una vara muchísimo más alta que aquella que fiscaliza el comportamiento individual.

En definitiva, un contexto socio-político-cultural estructurado bajo la premisa de que el éxito individual sin el éxito colectivo es un círculo vicioso e irreal, que la prosperidad personal sin la prosperidad social es mantener la situación tal y como se manifiesta en Chile hoy.

*Leonardo Yáñez Silva, Sociólogo.