ANÁLISIS: La variable política internacional en el conflicto Ruso-Ucraniano. Por Carlos Gutiérrez P*

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Para seguir con el análisis de las claves del conflicto entre Rusia y Ucrania, tanto en su origen, pero sobre todo en las consecuencias que este podría arrastrar en la perspectiva del cuestionamiento al status quo internacional y el camino hacia una nueva arquitectura y modelo del sistema internacional, voy a plantear la revisión de algunas situaciones y posiciones que se han generado al calor del conflicto, como siempre a modo de hipótesis.

Pero antes quiero poner en cuestión el abuso distorsionado que los principales líderes de la OTAN y por consiguiente la obsecuencia de los medios de comunicación han realizado del término “comunidad internacional”. La usan como soporte de apoyo a las opiniones y medidas que la OTAN ha estado tomando. Usándolo genéricamente construye la idea de que “serían todos los países del orbe”, que es la única forma posible de entenderlo, cuando en realidad, hasta ahora, no ha existido medida, sanción o declaración que sea compartida por la “comunidad internacional”, es decir, todos los países del orbe.

Lo transparente debiera dictar que, ante cada medida tomada por la OTAN, se hiciera un relato pormenorizado de quienes la apoyan o qué grupos de países la comparten. Como fue el detalle de la votación en la Asamblea de la ONU y de la OEA.

Pero, como lo señalé en un texto anterior, es parte de una de las claves usadas en los conflictos, la desinformación.

Sigo sosteniendo que el centro de gravedad de esta crisis radica en la lectura geopolítica y la entropía del actual sistema internacional, que está llegando a su eclosión en la forma de una hegemonía unilateral agresiva, y que es cuestionada por otro poder de escala global y por poderes de escala regional.

1.-.       La posición política de la Comunidad Internacional

La Asamblea extraordinaria de Naciones Unidas, pedida especialmente para abordar la crisis ruso-ucraniana y llevada a cabo el día miércoles 2 de marzo, tuvo un resultado obvio y razonable a través de una mayoría de países que condenan la operación militar rusa. Lo más probable que esta situación y su resultado estuviera en los cálculos de la Federación Rusa, pero como ya es una constante con estas resoluciones, su impacto real es irrelevante, lo que demuestra la burocratización de este organismo (planteamiento hecho por distintos países a lo largo ya de varias décadas) y por lo tanto es urgente su replanteamiento en la perspectiva de un nuevo orden mundial. Estas resoluciones no tienen carácter vinculante y no están asociadas a medidas concretas contra el país que ha sido condenado.

Pero lo más decidor de la reunión y su resolución no es la obviedad de la condena, sino la imagen que nos deja la votación en particular de cada país y las implicancias reales que eso tiene. La votación por la condena obtuvo 141 votos, la contraria un total de 5, y las abstenciones sumaron 35, más 12 que no asistieron y que en los códigos del organismo por lo general son países que no participan del carácter de la convocatoria, por lo tanto, deberían considerarse como votación en contra o abstención.

Si se piensa en los países que, por tamaño, economía, poder militar y vocación tienden a ser líderes regionales, notamos que, en Asia tanto China, India y Pakistán se abstuvieron de la condena. En Medio Oriente, Irán a Irak también se abstuvieron. En África, para la zona sahariana Argelia y Sudán se abstuvieron y Egipto apoyó la condena. En la zona subsahariana Sudáfrica, Etiopía, Angola y Tanzania se abstuvieron y Nigeria apoyó.

En América Latina, los tres grandes, Brasil, México y Argentina apoyaron el voto de condena de la ONU, a pesar que en la resolución de condena de la propia OEA del día 25 de febrero, Brasil y Argentina no la suscribieron. La situación de América Latina también es bien decidora de las contradicciones que genera este conflicto en el plano internacional, porque de 34 países miembros, 23 votaron a favor de una declaración de condena (en el documento se suma a Venezuela con el representante de Guaidó, pero si queremos ser serios con la propia crisis en Ucrania esta suma es parte del cinismo del hegemón) y 11 que no la apoyaron (Argentina, Bolivia, Brasil, Cuba, Dominica, El Salvador, Nicaragua, San Vicente y las Granadinas, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía y Uruguay). Siendo la zona más cercana geográficamente a Estados Unidos y con una influencia histórica en todos los planos, esta postura política tiene una profundidad a tener en cuenta.

Me parece que estas votaciones son muy ilustrativas del carácter de la crisis en el plano de la política internacional y del statu quo existente en el sistema internacional, con un hegemón agresivo que despliega su política y poder militar para controlar o reprimir el surgimiento de nuevos liderazgos regionales y subregionales, lo que permitiría una nueva estabilidad mundial acorde a una lógica de zonas sustantivas (que tengan más sintonías en términos económicos, lingüísticos, políticos, culturales, etc.).

Esto debiera leerse como un mensaje potente de los países que no están en la subordinación atlanticista, y que buscan y lo más probable es que se movilicen en la dirección de la configuración de sus espacios sustantivos.

2.-        Las fronteras de Rusia

Otro aspecto importante que denotan las definiciones de los países en torno a esta crisis, es que la frontera asiática de Rusia está relativamente bien cubierta a propósito de los esfuerzos diplomáticos de cooperación e integración, así como la continuidad vincular con países que fueron parte de la Unión Soviética o surgieron simultáneamente a la independencia en el marco de la revolución rusa.

En el Consejo de las Naciones Unidas, Mongolia, China y Kazajistan se abstuvieron; Azerbaiyán no asistió; Corea del Norte votó en contra. Aparece claro que el mundo asiático, a los cuales debiera sumarse India y Pakistán mantiene fuertes relaciones con Rusia y que no se aprecia la posibilidad de una ruptura en esa dinámica, sino que lo más probable es que se fortalezca, apelando justamente a la crítica expuesta a la expansión agresiva de Estados Unidos y sus países subalternos.

En la zona sur occidental Azerbaiyán no asistió al Consejo y Georgia votó a favor de la condena. La situación con Georgia es más compleja, teniendo en cuenta que con ella ya hubo una guerra en el año 2008, que tuvo como consecuencias la postergación de la incorporación a la OTAN, pero también la autonomía de dos regiones: Abjasia y Osetia del Sur con fuerte presencia rusa.

Es la frontera occidental el problema mayor para Rusia, donde cuenta con Bielorrusia como su aliado más fuerte (votó en contra de la resolución de la ONU); Ucrania con la que mantiene la crisis actual, originada en lo inmediato por la presión para su entrada en la OTAN y el conflicto desde 2014 contra las regiones autoproclamadas independientes de Lugansk y Donietsk. Las tres repúblicas bálticas (Estonia, Letonia y Lituania) son miembros de la OTAN desde 2004, y que votaron a favor de la condena, pero creo que frente a ellos Rusia no tiene la misma percepción de peligro, tanto por su estatura estratégica, como porque entre ellas y Polonia (que también votó a favor de la condena y es parte de la OTAN desde 1999), existe una región incrustada del estado ruso, que es Kaliningrado que tiene una fuerte presencia militar.

En la zona norte la frontera más larga es con Finlandia, que votó a favor de la condena de Naciones Unidas, que no es miembro de la OTAN, pero que tiene una experiencia bien traumática de relaciones con su vecino y sabe de las respuestas rusas en el plano militar.

En la frontera oriental no tiene contigüidad terrestre con nadie, y lo separa el mar de Japón justamente con este país, pero los rusos allí también tienen posiciones en el propio espacio japonés a través de las islas Kuriles.

Esta realidad fronteriza le entrega a Rusia una comodidad estratégica en su profundidad, dejando su inquietud solo para la frontera occidental, que es donde está concentrando su esfuerzo político y militar.

3.-        Los bloques económicos y políticos

Es interesante también visualizar el panorama de la toma de posiciones de los países en sus respectivos bloques políticos y/o económicos.

En el año 2001 surge un espacio de articulación de enorme envergadura y considerado de mayor proyección, más allá de las crisis que ha vivido en el ámbito económico. Se trata de la coordinación BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Lo que surgió como instancia de diálogo, se formaliza en el 2008 y a partir del año 2009 empieza su política de cumbres en forma permanente.

Esta instancia de cooperación representa hoy día casi la mitad de la población mundial (3.200 millones de habitantes), el 40 % de la economía mundial y es la experiencia más contundente y exitosa de cooperación sur-sur. Si analizamos su postura frente a la actual crisis, fuera de Rusia que es el incumbente, todo el resto ha tenido posiciones de abstención en las condenas (aunque existe la doble postura de Brasil en la OEA y en la ONU), y ninguno se ha sumado a las medidas de sanciones.

Este bloque, para el año 2030, llegará a representar el 45 % de la economía mundial. Y entre los 10 países con mayor impacto en la economía global, estarán 4 de este bloque, más México e Indonesia. Estos últimos, que se han sumado al voto de condena de la ONU simultáneamente han declarado que no serán parte de sanciones, pero también piden un trato justo de las demandas de las partes y en apoyar la solución del conflicto.

Los otros 4 países que completan la lista de 10, son Estados Unidos, Japón, Alemania e Inglaterra. Esto también demuestra la tendencia a la pérdida de peso específico de la Unión Europea, que apenas significará alrededor del 14 % del PIB mundial.

La realidad y tendencia económica también apunta a la desincronización entre la arquitectura del sistema mundial actual, tanto política como económica, que sigue siendo heredera de la resolución post Segunda Guerra Mundial, y que no da cuenta de estas nuevas realidades, tanto globales como regionales.

El acuerdo de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), tercero en importancia económica como bloque económico, ha primado una mayoría de votos de condena en el marco de la declaración de la ONU. Del total de 10 países miembros, 8 aprobaron la resolución y dos se abstuvieron (Laos y Vietnam). Pero junto a eso, no estuvieron por apoyar sanciones económicas, excepto Singapur que se sumó a las medidas en el aspecto financiero.

El proyecto de escala global conocido como La Ruta de la Seda, que se posiciona como el espacio de intercambio de bienes más grande del mundo, tiene compromisos y trayectoria territorial originadas en los países de Asia continental. Comienza en China y pasa por Pakistán, Afganistán, Kazajistán, Turkmenistán, Kirguistán, Uzbekistán, Tayikistán, Rusia y Turquía, que es la entrada a Europa.

De estos 10 países, ante la resolución de la Naciones Unidas de condena a Rusia, hubo dos votos a favor (Turquía y Afganistán); 5 abstenciones (China, Pakistán, kazajistán, Kirguistán y Tayikistán); uno en contra (Rusia); y dos que no asistieron (Turkmenistán y Uzbekistán).

Ninguno de estos países se sumará a las restricciones propuestas por la OTAN, y es importante que en esto se sumó la propia Turquía que, siendo miembro de la OTAN y esperando su ingreso a la UE, declaró el día 1 de marzo, a través de su cancillería, que “no participa de medidas punitivas”.

En el mundo africano, también nos encontramos con la misma lógica de otros espacios regionales, una división en la condena específica a Rusia por su operación militar en contra de Ucrania, pero un desmarque total de las sanciones económicas y financieras. Esta es una demostración también muy potente de la importante presencia e influencia de Rusia, pero también especialmente de China y la histórica distancia crítica frente al mundo europeo, todavía crudamente recordada en su expansión colonial.

De los 10 principales países africanos, desde la perspectiva económica y poblacional, su posicionamiento ante la condena de Naciones Unidas fue dispar. 5 de ellos se abstuvieron (Sudáfrica, Argelia, Angola, Sudán y Tanzania); 4 apoyaron la condena (Egipto, Nigeria, Botzwana y Kenia); y 2 no asistieron (Marruecos y Etiopía).

También es muy significativo, que en las distintas zonas político-estratégicas (Sahara y subsahariana), la presencia es liderada por países que están teniendo una posición distante de las medidas atlanticistas, como Argelia y Marruecos en la primera; Etiopía, Angola y República Centro Africana en la segunda. En la zona sur de África, es indudable el liderazgo sudafricano y sus pretensiones de influencia estratégica.

Seguramente son muchas más las hipótesis que pueden seguir elaborándose en este complejo, disperso y variado panorama internacional. Pero es cada vez más urgente la necesidad de abrir los debates sobre el mundo que queremos, que retome la diplomacia, la seguridad indivisible, un tejido socio-político de actores internacionales, un comercio justo, y una desconcentración del poder.

No me detuve en la Unión Europea y OTAN porque es lo más visible en las noticias y porque es la que encabeza las votaciones de condena y sanciones a Rusia, existiendo casi unanimidad al respecto.

Pero creo que allí está también parte del problema actual, que espero abordar en otro momento. Al menos podemos enumerar los siguientes: la subordinación total a la política internacional de Estados Unidos; la tendencia decadente en su influencia política y económica a nivel mundial; un conjunto de problemas internos, indebidamente abordados, que tensionan a sus sociedades y sus sistemas políticos; la falta de un proyecto coherente de alcance progresista que sustituya definitivamente su mirada pretensiosa de pensamiento único.

También es muy importante despejar la toma de posiciones de los países desde la perspectiva de sus intereses y temas pendientes. Ejemplos claros hay muchos, como lo que sucede en África, Asia continental y Sudeste Asiático, vinculados estrechamente a la economía rusa y china; en Europa Serbia que tiene un asunto pendiente con Kosovo; Turquía que busca posicionarse como bisagra entre Europa y Oriente; Israel que ha dicho que no se suma a las sanciones por sus relaciones estrechas con Rusia y el papel de contención que este juega en Medio Oriente.

Por lo tanto, la superficialidad de la retórica y del discurso grandilocuente homogéneo en los medios de comunicación esconden realidades y conflictos más profundos, que se escudan momentáneamente en una posición frágil y circunstancial, que no debe llevar a engaños. De lo contrario se siguen incubando conflictos a los cuales se volverá a llegar tarde con la diplomacia y la negociación.

*Carlos Gutiérrez P., experto en defensa, integrante de GADFA

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