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OPINIÓN. El controversial debate militar en el conflicto Rusia-Ucrania, por Carlos Gutiérrez P.

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Se hizo muy popular en la publicidad occidental la afirmación sobre la ineptitud y fracaso militar de la operación militar rusa, usando como aseveraciones la “imposibilidad de tomar la capital ucraniana”, “la contraofensiva ucraniana que hizo retroceder a las fuerzas rusas en la región de Kiev”, “la demora en derrotar a Ucrania”, el “estancamiento en la zona del Donbass”, la “heroica resistencia del ejército ucraniano”, y así un enorme etcétera.

Es claro que el último recurso en el relato occidental, ante la evidencia indiscutible de lo que sucede en el terreno militar y económico, dice relación con tratar de demostrar el fracaso de la operación militar por la lentitud misma de la guerra y los supuestos estancamientos operativos rusos. Por otra parte, alienta la posibilidad del éxito ucraniano en el terreno militar una vez que se entreguen armas pesadas por parte de Estados Unidos y sus países subordinados y se organice una contraofensiva general que derrote a los rusos.  

El éxito de un conflicto militar no se mide por si es rápido o lento (Estados Unidos estuvo más de 10 años en Afganistán y se tuvo que retirar derrotado estratégicamente; los países árabes se comprometieron en una guerra relámpago contra Israel en octubre de 1973, guerra del Yom Kipur, y perdieron); tampoco se mide por la cantidad de bajas, aunque pudiera ser éticamente criticable (la Unión Soviética perdió alrededor de 25 millones de habitantes en su guerra contra la invasión nazi, pero la derrotó y emergió como un poder global); incluso aunque pareciera ser paradójico tampoco es imprescindible ganar todas las batallas y aun así ganar la guerra (el caso más paradigmático es la guerra de Vietnam, donde efectivamente obtuvieron escasas victorias tácticas, pero fueron capaces de alcanzar sus objetivos políticos, independencia y unificación, derrotando a la súper potencia estadounidense). Por lo tanto, ejemplos en las múltiples opciones hay muchísimas.

El éxito de un conflicto militar se define por el logro de los objetivos políticos trazados, nunca olvidemos la máxima clausewitziana que la guerra es la continuación de la política por otros medios. El Plan Militar y la disposición de los medios y recursos militares estarán subordinados al logro de estos objetivos políticos. La conducción político-estratégica es responsabilidad del poder ejecutivo, y la conducción estratégica (o militar), es responsabilidad del Alto Mando Militar, en la forma en que cada país lo tenga estructurado y su responsabilidad es obtener las victorias militares que aseguren alcanzar los objetivos políticos. En este conflicto el conductor político ruso definió sus 4 objetivos:

1.- La no incorporación de Ucrania a la OTAN.

2.- La desmilitarización del país.

3.- La desnazificación de sus fuerzas

4.- La independencia de las regiones autónomas de Lugansk y Donetsk.

Veamos brevemente qué está pasando con cada uno de estos objetivos.

1.- Con el pasar del tiempo se han ido obteniendo mayores informaciones sobre la real presencia de la OTAN en Ucrania desde el año 2014, cuando ocurrió el golpe de estado. La presencia de asesores atlantistas, la entrega de armas y la formación de las fuerzas armadas ucranianas conformaban una realidad bastante creciente y se encaminaban directamente a un próximo ingreso formal a la alianza y una ocupación militar de las regiones que se habían autonomizado. Esto fue detenido por la operación militar rusa, y solo al final del conflicto se podrá despejar este punto, pero aparece evidente que la entrada en la OTAN no será posible.

2.- Los golpes militares rusos a la infraestructura aeroportuaria, centros de mando y control, comunicaciones, centros de entrenamiento y concentración de fuerzas, centros logísticos, han impedido el uso del poder aéreo ucraniano y especialmente la conducción unificada de la guerra. Lo que se aprecia técnicamente es que no existe un concepto de cómo enfrentar la guerra, no tienen la iniciativa estratégica, y por lo tanto solo pueden estructurar acciones defensivas usando posiciones fijas construidas durante estos 8 años en la línea de contacto con las repúblicas autónomas, y la morfología de las ciudades (barrios residenciales de edificios y centros industriales). El primer golpe estratégico ruso apuntó a desbaratar las condiciones básicas de la capacidad militar ucraniana.

Esto no implica una derrota total en sí misma, porque tienen todavía la capacidad de una defensa territorial parcial.

Recientemente el propio presidente Zelensky reconoció 1.474 ataques con misiles, disparando 2.275 tipos distintos de misiles (por simple sospecha debemos suponer que debieron haber sido más), golpeando duramente almacenamiento de combustible, arsenales, instalaciones del complejo militar-industrial, puntos de comunicación, sistemas de radio y los aeródromos.

La fuerza aérea ucraniana es casi inexistente. Fue golpeada en los primeros días en tierra y en los escasos combates aéreos producidos. Permanentemente siguen siendo derribados en las pocas salidas que realizan para apoyar acciones terrestres, pero siguen siendo aniquiladas por la aviación rusa y la defensa antiaérea (en estas bajas hay que considerar aviones y helicópteros de combate).

Los eficientes modelos de defensa aérea S-300 también han sido duramente golpeados, incluso los que fueron entregados por la República Checa a principios de mayo.

Junto a los sistemas de armas, hay que considerar a las tropas. Es evidente que un catastro verdadero de las bajas es inconcebible oficialmente, pero las pérdidas de efectivos ucranianos, en base a todas las fuentes relativamente serias, muestran que son muchísimas, ya sea en cuanto a muertos, heridos, desaparecidos y prisioneros.

Al no tener cifras oficiales, es posible tener una noción por aproximación en base a otras noticias. La primera de ellas es que Ucrania ha convocado a cuatro movilizaciones, lo que implica población en condiciones de reserva o directamente gente sin instrucción formal. La amplitud etaria va de hombres entre 18 y 60 años (es claro que la población más adulta está poco condicionada para una guerra de este tipo). Se habla de que la población que ha emigrado es de alrededor de 6 millones, dentro de los cuales es altamente probable que se encuentre una cantidad de hombres entre 18 y 60 años que podrían haberse sumado a la “heroica defensa de la patria”. Todo esto a pesar del decreto gubernamental que prohíbe la salida de esta población.

Han comenzado a movilizarse a la zona del Donbass, las llamadas Brigadas de Defensa Territorial (Terobones), que es un reclutamiento de hombres al interior de sus respectivas regiones y que operan como una milicia en labores de gendarmería clásica (o Guardia Nacional). Esto ha implicado, en el mes de mayo, varias manifestaciones en contra de esta medida por parte de los propios reclutados, así como de sus familiares, argumentando que no están preparadas para este tipo de conflictos y legalmente solo están para operar dentro de su región respectiva.

Desde mediados de mayo, y sobre todo después de la rendición de las tropas bloqueadas en la acerería Azovstal, se han producido varios hechos de amotinamiento y rendición al interior de las fuerzas armadas ucranianas.

Las mejores y más curtidas unidades militares del ejército ucraniano son las que están desplegadas en la zona del Donbass, la que ha vivido la ofensiva rusa desde principios de mayo. Es aquí donde se han concentrado las principales batallas, los avances rusos, la conquista de ciudades, pueblos y territorio, las bajas diarias ucranianas en forma masiva (el propio Zelensky en fin de semana pasada reconoció en una conferencia de prensa que tenían 100 bajas diarias, que es mucho menos de los que afirman los rusos, pero mucho más de lo que decía en abril).

Las pérdidas de estas unidades, tropas y oficiales, serán muy difíciles de recuperar en el corto plazo, por el tiempo necesario de reclutar, entrenar y poner en disposición combativa, más el hecho de tener que superar la moral combativa ante la evidencia de sus derrotas.

3.- En occidente todavía no se toman en serio la existencia de una fuerte presencia neonazi o ultra derechismo nacionalista en la vida institucional ucraniana, particularmente al interior de sus fuerzas militares. La presencia de los batallones Azov, Donbass, Sector de Derecha, Aydar, Dnipro-1, Tornado, etc., desplegados en la zona del Donbass, son los más involucrados en el conflicto por sus posturas ideológicas y posiciones anti rusas.

La derrota en Mariupol (importante urbe con alta concentración de tropas neonazis) y la rendición de los asediados en el complejo industrial de Azovtal, significó un golpe clave a estas fuerzas, cayendo sus líderes Sergey Volynsky (Volin), Svyatoslav Palamar (Kalina), David Kasatkin, todos ellos parte de la comandancia del batallón Azov, así como el comandante del Grupo de Francotiradores. Aquí se rindieron 2.439, que sumados a los que ya se habían rendido en la industria Ilyich, suman en total 3.295. La mayoría de ellos miembros de unidades neo nazis. Hoy, todos ellos esperan juicios por crímenes de guerra.

4.- Las regiones de Lugansk y Donetsk fueron reconocidas como independientes por parte del gobierno ruso el 22 de febrero, y hoy aparece como imposible retrotraer esta realidad. A esto se suma que la conquista territorial de las regiones de Jerson y Zaporozhye han permitido una continuidad territorial con las repúblicas independientes y un corredor terrestre con la región rusa de Crimea, además de establecer el Mar de Azov como un mar interior, con un puerto estratégico como el de Mariupol, que ya comenzó a operar la semana pasada.

Los resultados finales de estos objetivos serán resueltos definitivamente al término del conflicto, ya sea en la variante de negociaciones de paz que le pongan término y se acepten las exigencias rusas, o ante la derrota militar total ucraniana que imponga una negociación en formato de rendición.  

También hay que considerar en cualquier evaluación de cómo se desenvuelve un conflicto la forma en que cada país hace la guerra. Por lo menos hay que tener en cuenta las definiciones doctrinarias (o la memoria doctrinaria de cómo han construido su propia ciencia y arte militar); los cambios contemporáneos que han ocurrido en los conflictos, sistemas de armas, condiciones tácticas, las características del terreno y las socio-nacionales.

En este sentido es necesario considerar las siguientes bajadas a estos términos:

1.- El Ejército Ruso tiene una vasta memoria doctrinaria, que entre otros elementos asienta en la batalla un gran poder de fuego encargada al arma artillera para el inicio de la ruptura (actualmente se suman las fuerzas misilísticas), la infantería para la ocupación de la línea defensiva enemiga, apoyada en una fuerza blindada que tiene como misión explotar la ruptura en profundidad.

El poder aéreo esencialmente ha estado concebido en el nivel operacional-táctico, por lo tanto, en apoyo al combate terrestre que junto a la artillería busca la ruptura, la eliminación de puntos de tiro, concentración de tropas enemigas y puestos de mando.

2.- En la variable socio-nacional hay que considerar dos realidades muy notorias. La primera es que este conflicto se da al interior del mundo eslavo, entre dos países que tienen una notable historia común, siendo la más fuerte y reciente la que significó la guerra contra la invasión alemana, aunque si bien una parte de la población ucraniana comulgó estrechamente con los ideales nazis, la mayoría de sus habitantes fueron actores importantes en la conformación del ejército rojo que los liberó. Por otro lado, la mayor parte del conflicto se ha desenvuelto en un territorio de presencia mayoritariamente rusófona, que fueron las regiones que se opusieron al golpe de estado del año 2014 y de las cuales dos de ellas lograron resistir la represión armada y auto declararse como territorios autónomos.

De aquí todos los esfuerzos de las tropas aliadas en evitar las bajas civiles, y teniendo en cuenta su concentración urbana, impactan en el modo real de hacer la guerra, que evidentemente la ralentizan.

3.- Las características particulares de este escenario táctico está dada por un combate armado esencialmente de tipo urbano, comprendiendo pequeños poblados y urbes modernas y pobladas. Todo conductor militar sabe que el problema táctico que presenta la lucha urbana es el más complejo de todos, tanto por las características morfológicas de una urbe, como del tipo de armas a emplearse. Aquí abundan las posibilidades de emboscadas, fijación de puntos de tiro más convenientes, oportunidades para tiradores escogidos, problemas de movilidad y maniobrabilidad por el tipo de calles y conjuntos urbanos, reductos para ofrecer resistencia, etc.. A esto debe sumarse que la “resistencia ucraniana” ha hecho uso expansivo de la población civil como escudos humanos, usando la táctica de ocupar los pisos superiores de los edificios y las plantas bajas para distribuir a los civiles. Los casos más emblemáticos en este conflicto han sido las tomas de las ciudades de Mariupol, Volnovakha y Popasna (actualmente están en curso batallas por otras urbes que serán determinante para la fase de liberación del Donbass, como son Severodonets, Lysichank, Lysan y Kramators).  

4.- Los sistemas de armas. La alianza atlántica ha entregado miles de sistemas de misiles antiaéreos portátiles y antitanques, lanzagranadas y armas pequeñas, ya desde abril empezaron a suministrar armas pesadas, y particularmente en el mes de mayo artillería de mayor calibre y alcance (M-777 de USA), tanques T-72 polacos y checos, S-300 checos y todavía esperan sus decisiones otros tantos países y sistemas de armas (por ejemplo, misiles anti buques de Dinamarca, misiles HIMARS de Estados Unidos, etc.).

Pero aquí hay una cierta dosis de chovinismo técnico por parte de Ucrania y del atlantismo (aunque también puede esconder el relato del fracaso de la defensa), de que la sola presencia de armas más pesadas puede definir el conflicto (recomiendo la lectura del gran libro de Vo Guyen Giap sobre “El hombre y el arma”). A principios del conflicto se construyó toda una imagen de la efectividad de las armas portátiles anti tanques, que con el tiempo hemos visto su ineficiencia estratégica, a tal punto que hoy el esfuerzo está todo concentrado en la artillería de largo alcance.

Según los informes rusos la destrucción de material ucraniano al 30 de mayo es el siguiente: 183 aviones; 128 helicópteros; 1.064 aviones no tripulados; 325 sistemas de misiles antiaéreos; 3.323 tanques y blindados; 451 lanzacohetes múltiples; 1.731 cañones y morteros; 3.294 vehículos de transporte militar (si quiere puede castigar estas cifras en un 10% y aun así son impresionantes). Todos los compromisos de ayuda militar del atlantismo no lograrían modificar esta realidad, más todavía si agregamos que es imposible cambiar una matriz armamentística en el curso de una guerra.

El ejército ruso hasta ahora ha usado armas de tierra relativamente tradicionales: tanques T-62, T-72 y T-80, blindados BMP y BTR. Hasta ahora no aparecen los T-90 ni los T-14 Armata, ni tampoco en cantidades importantes los Boomerang ni los Terminator.

5..- La resistencia del combatiente. La motivación del combatiente es un elemento muy importante al momento de entrar en batalla, y sobre esto se han construido dos relatos fundamentales. En el ejército ucraniano el valor de la defensa de la patria y su soberanía; en el caso del ejército ruso la lucha contra el neo nazismo y la defensa de los valores rusos (la lucha contra el nazismo en la memoria histórica rusa es demasiado fuerte). Todos los estudios sobre sociología y sicología militar nos remiten a la importancia de la motivación, pero también al sentido del grupo primario en las unidades.

En el caso ucraniano se ha percibido una cierta ruptura de estos lazos a partir de la derrota y rendición de las fuerzas en Azovtal. Se ha apreciado una mayor cantidad de amotinamientos y rendiciones de grupos pequeños y en algunos casos de unidades completas. El 24 de mayo se rindieron 50 paracaidistas y amotinaron 2 pelotones de la 115 Brigada Territorial. Otros eventos similares se vivieron en la 58° Brigada Infantería de Marina, 14° Brigada de Infantería, 101° Brigada, la 25° Brigada Aerotransportada, la 79° Brigada de Asalto Aerotransportada, la 71° Brigada Jaeger, 42° Batallón de Fusileros, 95° Brigada.

También ha generado un impacto negativo en las fuerzas ucranianas, la presencia especial y dominante de los grupos ultra nacionalistas y los grupos mercenarios, con un estatus distinto, pero que también influye en el relato heroico de la guerra.

En cuanto al desarrollo propiamente tal del encuentro bélico hay que considerar tres etapas para su evaluación: el diseño, la implementación y los resultados.

En todos los estudios y particularmente en la práctica de los militares está la máxima de que la planificación de la batalla termina cuando empieza directamente el combate, porque siempre la realidad, el enemigo, el azar y la fuerza propia son realidades cambiantes.

El pensador militar Clausewitz lo define en una frase “Todo en la guerra es muy sencillo, pero lo más sencillo es difícil. Esas dificultades se acumulan y producen una fricción que no se imagina del todo nadie que no haya visto la guerra”.

Es preciso tener en consideración que en la guerra siempre juega el azar y, como consecuencia de esto, se presentan hechos no esperados, lo que genera en los integrantes de un ejército pequeñas dificultades individuales y colectivas. Estas interactúan y se suman propagando su propia fricción en todas direcciones, no se puede concentrarlas en un solo punto.

A pesar de que toda la publicidad atlantista ha insistido permanentemente en el fracaso del plan militar ruso, lo cierto es que esas son solo divagaciones con un horizonte político ideológico, porque ninguno de esos actores conoce el Plan Militar o Plan de Guerra del Estado Mayor Ruso. Incluso lo más probable es que se conozca muy avanzado en el tiempo.

Como yo tampoco tengo la suerte de conocer el diseño y su correspondiente planificación, lo que queda es poder levantar hipótesis a partir de las acciones emprendidas, la concentración de fuerzas y los ejes de progresión.

Señalo en el Diseño los siguientes puntos:

1.- Golpe estratégico a los centros neurálgicos de mando y control, logísticos y poder aéreo.

2.- Invasión a territorio ucraniano por cuatro frentes con sus respectivos ejes de progresión (Norte, región de Kiev; Este, región de Jarkov; Sur, regiones de Jerson y Donbass).

3.- Definición de Teatros de Operaciones principales y secundarios (los teatros principales eran los de las regiones del sur: Jerson y Donbass. Los teatros secundarios tenían como misión la fijación de fuerzas).

4.- Operaciones que generen la mayor cantidad de bajas al enemigo y las mínimas en la fuerza propia, así como en la población civil. En la actual operación principal en la zona del Donbass, la progresión del avance se explica por la complejidad del terreno, las posiciones de defensa ucranianas (construidas durante 8 años), y la lógica de trituradora de fuerzas.

Los rusos están en la ecuación de Tiempo-Fuerza, es decir sacrifican tiempo por la mayor eliminación de fuerzas enemigas posible (durante la primera fase de la Gran Guerra Patria, los soviéticos articularon la ecuación Territorio-Fuerza, sacrificaron entrega de territorio por la mantención mayoritaria posible de sus fuerzas para una contra ofensiva).

En cuanto a la Implementación concentro la atención en los siguientes aspectos:

1.- Por las características de este conflicto no hemos visto el desenvolvimiento a través de maniobras de grandes unidades, sino la movilidad y maniobrabilidad de unidades a nivel de brigadas y de batallón, organizado en los grupos tácticos de batallón (GTB), que son una estructura de armas combinadas, con gran poder de fuego con infantería mecanizada, tanques y blindados de apoyo (BTRs, BMPs. Recientemente se incorporaron al combate los Terminator).

2.- Los golpes operativos esenciales a través de una experticia artillera y misilística de mediana y larga distancia, demostrando su eficacia, destruyendo los aspectos materiales y mucha fuerza combatiente.

3.- El uso mixto de fuerzas de infantería, particularmente en los combates por la conquista de las urbes más pobladas. Se han usado grupos de infantería de choque, fuerzas especiales, fuerzas especiales aerotransportadas y unidades de milicia.

4.- Una vez conquistada una urbe comienzan otros trabajos muy demandantes para las fuerzas desplegadas, las que tienen que ver con la organización del trabajo de prisioneros (que en este conflicto es muy importante debido a la presencia de fuertes contingentes nazis y que es uno de los objetivos políticos establecidos en la operación militar) y la limpieza de municiones abandonadas y los campos y edificios minados por las fuerzas ucranianas en retirada.

5.- Las derrotas infringidas a las fuerzas ucranianas en todos los contra ataques realizados hasta ahora (Isla de la Serpiente; Davydov en la región de Jerson; Ternoboy y Dergachi en la región de Jarkov; etc). Todas están mal coordinadas, fuerzas insuficientes, sin apoyo aéreo, vulnerabilidad aérea, fácil detección, lo que les trae más y nuevos problemas en vez que algún éxito táctico.

6.- El despliegue ruso ha mantenido una fuerza relativamente pequeña (se habla de un máximo de 200.000 combatientes sumados los milicianos de las repúblicas independientes) para los encargos militares, lo que ha demostrado hasta ahora la capacidad de innovación y aplicación táctica, además de la consideración de las pausas operativas habituales y los tiempos necesarios para las maniobras y despliegues de concentraciones de fuerzas.

Además, es necesario recordar que un contra ataque no es lo mismo que una contra ofensiva, que seriamente (más allá que la publicidad atlantista los denomine igual) las fuerzas ucranianas no están en condiciones de realizar.

Hasta ahora los resultados son visibles e innegables (excepto en la retórica del liderazgo ucraniano y en los publicistas atlantistas), y en esa dirección sostienen el logro de la victoria militar rusa, que impondría la conquista de sus objetivos políticos.

Si al comienzo de la operación militar rusa, la presencia de esta se remitía a partes de las regiones de Lugansk y Donetsk (menos de 50 % en cada una de ellas), al día de hoy se debe considerar que dominan el 100 % de la región de Kerson, el 70 % de la región de Zaporozhye, el 70 % de la región de Donetsk, el 95 % de la región de Lugansk y el 31 % de la región de Jarkov.

El dominio completo del Mar de Azov y tienen bloqueada la salida al Mar Negro.

La destrucción de parte importante de las fuerzas neo nazis y sus líderes, y las enormes bajas del ejército ucraniano, que según distintos expertos y por informaciones parciales afectan a alrededor del 40 % de las unidades formales. Ese nivel de baja, en cualquier ejército es insostenible en el mediano plazo.

Como puede apreciarse, el debate sobre lo militar en este conflicto tiene muchas aristas que todavía seguir descubriendo.

Por Carlos Gutiérrez Palacios, experto en defensa y miembro de GADFA

La victoria soviética histórica sobre el nazismo. Por Carlos Gutiérrez Palacios.

soviet

Este 9 de mayo tendrá un carácter muy especial la conmemoración número 77 de la victoria aliada frente a lo que fue la larga noche nazi sobre Europa, particularmente entre los pueblos que fueron parte de la Unión Soviética y que soportaron la carga más pesada y odiosa ideológicamente, con un costo de alrededor de 25 millones de personas muertas, la mayoría de ellos civiles producto de los ataques de las fuerzas militares alemanas, y de las represalias de las tropas especiales SS que se dedicaron a un verdadero genocidio en los territorios ocupados.

La bandera roja de batalla enarbolada en el edificio del Reichstag en 1945, perteneciente a la 150 División de Fusileros, del 79 Cuerpo de Fusileros, 3° Ejército de Choque, encuadrado en el Primer Frente Bielorruso comandado por el Mariscal Zhukov, hoy ha sido vista nuevamente en un campo de batalla europeo, en manos de ancianos liberados de los territorios del Donbass bombardeados permanentemente desde hace 8 años; en unidades blindadas del Ejército de la Federación Rusa que avanzan por el territorio ucraniano luego de iniciar una operación especial militar que tiene, entre otros objetos, la desnazificación de ese país; en movilizaciones sociales que se han expresado en contra de la actitud europea frente al conflicto.

Es muy llamativa esta resignificación de la bandera de la victoria, teniendo en cuenta que ya no existe la Unión Soviética, ni tampoco el Ejército Rojo, pero sí fuerzas políticas de extrema derecha que, con las consideraciones temporales correspondientes, reivindican postulados políticos e ideológicos enmarcados en una simbología, en una memoria de época y en artefactos culturales propios del nazismo.

Frente a aquello, funciona la otra memoria, la de pueblos que se enfrentaron a la barbarie nazi y la derrotaron, abriendo los espacios reales para la propia reconstrucción de sus estados, pero también liberando consecutivamente a las democracias liberales de Europa occidental, las mismas que hoy hipotecan su memoria bajo la subordinación a un liderazgo hegemónico agresivo y criminal estadounidense, que no trepida en acuerdos espurios con la finalidad de eliminar “competencias” en su desenfrenada lógica de un destino manifiesto contaminada de religiosidad.

Tal cual sucedió en las décadas de los años 20 y 30 del siglo XX, cuando las democracias europeas ignoraron todas las señales del programa violentistas y anti democrático del nazismo y el fascismo, hoy repitieron su accionar cuando giraron la mirada ante el golpe de estado de 2014 en Kiev, el asesinato de dirigentes sindicales comunistas en Odesa, la colonización del Estado por grupos y líderes de extrema derecha, particularmente en la creación de estructuras militares, y la guerra civil que han llevado durante 8 años contra sus propios connacionales legales en las regiones de Lugansk y Donetsk, pero que son estigmatizados por su lengua y origen étnico ruso.

Hay liderazgos occidentales actuales, que al igual que sus antecesores históricos, son consumidos internamente por su anti rusismo (ya sea en las variantes imperiales, soviética o capitalista actual), y avalan cualquier instrumento que les conduzca en la dirección de la derrota del pueblo eslavo. Así fue en su momento cuando constituyeron en 1918 la coalición que invadió a la naciente república soviética; el apoyo que entregaron a las fuerzas blancas zaristas en la guerra civil (1918-1923); en la negación del apoyo a la atacada república popular española (1936), con la secreta esperanza que la alianza ítalo-alemana la destruyera y detuviera el peligro rojo en Europa. Y también en la oculta estrategia durante la Segunda Guerra Mundial que se acomodaba esperando el desangramiento de los alemanes, pero especialmente del estado soviético y su proyecto bolchevique.

Esas actuaciones se reflejan hoy en el calculado velo que tienden sobre las unidades militares ucranianas auto identificadas con el nazismo (Azov, Donbass, Sector de Derecha, Aydar, Dnipro-1, Tornado, etc.) y sus actuaciones criminales contra la población civil del Donbass, así como la falta total de respeto a los protocolos de un conflicto armado, como son el trato de prisioneros, el uso de civiles como escudos humanos, y la infraestructura civil para instalar puntos de tiro. Nada de esto importa para la civilizada democracia liberal europea, si de matar rusos o pro rusos se trata. El fin último es derrotar al competidor estratégico, a Rusia, y allí el fin justifica los medios.

Tampoco genera resquemor alguno en los países europeos ser parte activa del conflicto, como un beligerante más, entregando armas por doquier a sabiendas de las propias restricciones diplomáticas convencionales y de que el instrumento en sí mismo no es lo determinante. La clave está en el mensaje.

Vuelven a repetir errores recientes, como fue el tráfico de armas destinado a grupos que le eran serviles a sus objetivos políticos de coyuntura (Libia, Afganistán, Siria y otros), y que prontamente terminaron en manos de organizaciones terroristas que se volcaron contra ellos mismos. En esta ocasión, tal activismo armamentista unido a las fronteras porosas de esos países y la tipología de grupos que rondan estas crisis, auguran futuros aún más inciertos para la seguridad de la región.

Así misma ha sido la actitud europea frente a las oleadas de mercenarios que han ido a ofrecer sus servicios a Ucrania. Según primeras estimaciones, bordearían los 20.000, provenientes de países europeos y de otros subordinados al imperio estadounidense, que conjugan un interés monetario, una cultura de la violencia y un pergamino ideológico, pero en ningún caso una odisea nacional ni democrática.

Cuando el relato del apoyo atlantista a Ucrania se viste de una lucha por la libertad y la democracia, está clara la obligación de ocultar estas realidades en el sótano de la vergüenza.

La realidad actual nos muestra que la lucha histórica contra el nazismo o el neo-nazismo sigue siendo una tarea permanente. Lo ideal es que las armas a usarse fuesen las propias de la democracia, la organización y la movilización de las sociedades, pero en esto las democracias liberales europeas una vez más no solo actúan tarde, sino que con desidia y una miopía muy interesada de corto plazo.

Hoy asistimos a que varios gobiernos europeos han suspendido la participación de representantes rusos en los homenajes a la victoria contra el nazismo de 1945, así como prohibir la exhibición pública de imágenes de diseño soviético relativas a esta conquista histórica. Líderes del gobierno ucraniano han amenazado con bombardear desfiles del Regimiento de los Inmortales (más allá del nombre, es bueno recordar que es una marcha de civiles, parientes de los caídos en la gran guerra patriótica) que se realicen en la región del Donbass (una amenaza terrorista que no ha tenido comentario alguno de los demócratas europeos).

Esta actual coyuntura crítica originada por el conflicto ruso-ucraniano tiene muchas variables, que seguramente determinarán el futuro mediato y de largo plazo en esas respectivas dimensiones. Sin lugar a dudas, una de ellas es la que dice relación con la memoria histórica y los significados presentes y futuros que tiene.

La victoria histórica del pueblo soviético sobre el nazismo es imborrable. La perspectiva de aquella epopeya sigue marcando el propio desarrollo libre y democrático del mundo actual y de Europa en particular, y seguramente continuará siendo un referente ineludible de luchas futuras contra la xenofobia, el racismo, el supremacismo blanco y el neo-nazismo.

Por Carlos Gutiérrez Palacios.

Las izquierdas y el conflicto ruso-ucraniano. Por *Carlos Gutiérrez Palacios

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A propósito del conflicto ruso-ucraniano he escuchado relatos y leído varios artículos de personas de izquierda realizando sendas críticas a otras personas de izquierda que no han compartido la visión de la OTAN sobre el conflicto y, por lo tanto, asumiendo mecánicamente que esas posturas tienen que ver con un apoyo político al presidente ruso, relatando incansablemente la figura demoníaca del líder eslavo y su régimen autoritario, así como a la guerra en cuanto mecanismo de resolución de conflictos.

Así como no creo que siempre se cumpla la máxima de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, tampoco creo en la otra máxima que nos quiere imponer esas izquierdas, de que, si no estás conmigo, es porque estás contra mí. En este caso, como ellos están contra la guerra, el resto estaríamos a favor de ella.

Estoy a favor de todos quienes creen “verdaderamente y a todo evento” estar contra la guerra como medio de resolución de conflictos (a esos temas me he dedicado décadas en su estudio), pero también estoy lejos de los chantajes emocionales y políticos de quienes se acordaron ahora del horror de la guerra, y que siguen los dictados facilistas de la OTAN sobre el maniqueo argumento de esta guerra como la encarnación misma de la libertad y democracia expresada por Ucrania y la OTAN, frente al autoritarismo y totalitarismo de los otros, Rusia en este caso.

No es convincente una izquierda que no alzó la voz ni la práctica para condenar el ataque militar de un gobierno contra su propio pueblo durante 8 años, que es lo que ha estado sucediendo por parte del gobierno de Ucrania contra las regiones de Jarkov, Lugansk y Donetsk. Que tampoco haya escuchado las más de 600 denuncias de violaciones a los derechos humanos que hicieron gobiernos y organismos de la sociedad civil de esas regiones. Que no registre con seriedad todos los datos del enquistamiento de grupos nazis en el aparato del Estado y de la fuerza militar que son los actores claves de este diseño de guerra contra una parte de su pueblo. Eso técnicamente se llama guerra civil, la más cruel de todas las guerras.

Esto solo por resaltar su ausencia notable en esta coyuntura, pero claramente el listado es mucho más largo.

Esta izquierda europea amante de la paz, de orientación social demócrata, tiene una traza histórica muchas veces dejada convenientemente en el olvido, puesto que allí no reina precisamente la consecuencia.

Repasemos algo de historia. Fue la izquierda socialdemócrata que, en la crisis de 1914, oponiéndose al llamado de la Internacional de la época, corrieron raudamente a abrazar las consignas nacionales por sobre el internacionalismo de los trabajadores que iban a ser seguramente las víctimas principales de un conflicto a escala colosal, aprobaron los presupuestos de guerra de sus líderes, en ese momento gobernantes de derecha y monarquías constitucionales, que les facilitaron todos sus planes guerreristas para disputarse el botín del mundo.

Las consecuencias las sabemos. La primera guerra de alcance mundial y catastrófica en pérdidas de vidas humanas.

En 1936, ante el golpe de estado de fuerzas monárquicas al gobierno republicano español, esas fuerzas de izquierda, algunas en el poder, se opusieron a enviar ayuda militar y humanitaria al pueblo español, que luchaba por su proyecto popular y libertario. No hicieron lo mismo las fuerzas fascistas de Italia y nazistas de Alemania, que aprovecharon de fortalecer sus vínculos, utilizar el campo de batalla para entrenar a sus tropas y probar nuevos sistemas de armas, y por supuesto derrotar el avance de un gobierno popular.

Recordemos que fue el gobierno del socialista Felipe González el que ratifica el ingreso de España en la OTAN, y en sus cuatro gobiernos encamino a su país a la plena participación orgánica, particularmente en su mando militar. En 1995, Javier Solana, Ministro de Relaciones Exteriores fue elegido Secretario General de la Alianza.

La llegada al poder del PSOE en octubre de 1982 marcó el punto de inflexión en la opinión pública. La postura atlantista consiguió más respaldo popular, gracias al giro de 180 grados que dio la cúpula del Partido Socialista. Felipe González justificó el cambio de postura, en parte, en que la entrada en la OTAN favorecería el ingreso de España en la Comunidad Económica Europea (CEE), actualmente la UE, que finalmente se produjo en enero de 1986. Sin embargo, cinco meses antes del referéndum un sondeo de opinión pública indicaba que todavía un 46% de los ciudadanos estaban en contra de la OTAN.

En ese momento, esta izquierda se hizo eco de la consigna franquista sobre el miedo a la amenaza soviética, y sobre todo una forma de entablar una nueva relación con las fuerzas armadas, que salían muy desprestigiadas del régimen franquista, y sobre la cual se quiso construir una relación política-militar que asegurase una transición exitosa.

Tampoco jugó un papel muy destacado la izquierda socialdemócrata en la catástrofe de la guerra de los Balcanes (iniciada en 1991), que destrozó países, y convivencias culturales históricas. Recordemos que líderes claves en Europa eran Felipe González en España y Francois Mitterand en Francia, ambos socialistas.

Fue el líder más reconocido de la Tercera Vía o socialdemocracia europea en la década de los 2000, Tony Blair, el que no dudó en creer las falsedades estadounidenses con respecto a los argumentos para la invasión a Irak en 2003, a pesar de que estaba bien informado en relación a que las armas de destrucción masiva no existían (lo que fue denunciado posteriormente por su propia gente en el gobierno).

En esa guerra, según propios estudios de universidades estadounidenses, los costos en vidas humanas habrían bordado los 190.000 civiles, además de refugiados, desplazados, y la destrucción de infraestructura civil, sumiendo al país en una larga confrontación interna que no ha conseguido precisamente estabilidad y progreso.

En 2011, la intervención militar de la OTAN en Libia se basó en una particular interpretación de una resolución de la ONU realizada bajo la consigna de “intervención humanitaria”, la que costó la vida en los primeros cuatro meses a alrededor de 15.000 personas, según el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. En octubre de 2011, el Consejo de Seguridad de la ONU, por unanimidad decidió anular la resolución. Una vez más el argumento de la socialdemocracia ponía el acento en el carácter dictatorial del líder libio.

Por otro lado, tampoco creo verosímil la interpretación que hace una izquierda radical de ver aquí un conflicto entre capitalismo y socialismo, suponiendo a un Rusia en el papel de la vieja Unión Soviética.

Hay imágenes simbólicas que han surgido en este conflicto que pueden conducir a este equívoco, como las banderas rojas con la hoz y el martillo que han sido izadas en algunas alcaldías de pueblos liberados en la zona del Donbass; las banderas rojas de la 150 división de fusileros que tomaron el Reichstag en la Gran Guerra Patria ahora enarboladas en varias unidades móviles rusas que se dirigían al combate o en el video de la babushka que se hizo viral y hoy se refleja en murales e insignias de combatientes, cuando desafía a militares ucranianos que le quitaron la bandera roja para pisotearla a cambio de comida y ella reacciona diciéndole “mis padres murieron por esa bandera que estás pisando, no quiero tu comida, tómala y dame mi bandera”.

Todos esos hechos reales no configuran un panorama político, sino reflejan la profundidad cultural del pueblo eslavo frente al nazismo que duramente sufrieron con la ocupación por 4 años. Hoy la resignifican ante un régimen que les declaró la guerra hace 8 años, con unidades militares declaradamente nazis, con persecución por la lengua y cultura rusa.

Este conflicto es un choque al interior del capitalismo (y particularmente con el imperialismo, que espero la izquierda socialdemócrata recuerde sus diferencias), aunque con síntomas particulares, y esencialmente en una coyuntura en que cruje el dominio hegemónico unilateral de Estados Unidos, y se abren los espacios para el recambio, o por lo menos para una nueva configuración del sistema internacional, en sus variables políticas, geopolíticas, económicas y de seguridad.

La rápida y acrítica aceptación del relato de la OTAN para este conflicto, por parte de una izquierda, va a significar un nuevo daño profundo a los pueblos, a los directamente involucrados por su sangría y los del resto del mundo que vivirán los efectos económicos, ya dañados por dos años de pandemia global.

Los actuales gobiernos de carácter progresista, particularmente el español y el alemán, solo han sumado más elementos negativos a la crisis, enviando armamento a uno de los beligerantes, sumando desprolijamente sanciones económicas que irresponsablemente golpearán fuertemente a sus pueblos, y cerrando los caminos a la diplomacia. Ninguno de estos gobiernos, ni partidos socialdemócratas de otros países, han levantado alternativas de negociación ni convicción plena para jugarse por la paz. Una vez más, así como lo hicieran en su momento González, Mitterand y Blair, asumen cínicamente discursos subalternos ante Estados Unidos, donde lo que importa no es el fin de la guerra, sino la destrucción de un competidor estratégico, a cualquier precio (que en lo inmediato lo pagarán pueblos europeos).

Se ha iniciado un camino cierto de mutación del actual sistema internacional. Si bien los parámetros seguirán moviéndose en torno al sistema capitalista, creo que un mundo con multicentros, con mayores competencias económicas y financieras al interior de ellas, con varios países líderes a escala global, atenúan los riesgos de confrontaciones a escala mundial, eliminando la figura de un solo hegemón agresivo y criminal como ha sido hasta ahora el papel que ha jugado Estados Unidos, especialmente desde el año 1990 en adelante, en los planos políticos, geopolíticos y económicos.

En otros momentos históricos, a esta configuración se le llamó “Balances de Poder”, que tiende a construir más homogeneidad, porque son varios los actores en el juego, con intereses compartidos, pero también diversos, y que tienen obligadamente que interactuar entre ellos, porque ninguno tiene un supra poder que logre imponerse por sí solo ante los otros actores en juego.

Espero sinceramente que las izquierdas puedan asumir un rol histórico algo más protagónico, como el que llevaron adelante en su mejor momento frente a la posibilidad del holocausto nuclear, levantando las banderas de la coexistencia pacífica y el No al poder nuclear. Se tienen que levantar con fuerza las exigencias sobre una nueva diplomacia; el rediseño de los organismos internacionales; un nuevo concepto de seguridad internacional (retomando el carácter de indivisible de 1990); la reestructuración de la arquitectura de defensa europea para que salga de la lógica de un teatro de operaciones subordinado a los intereses de Estados Unidos; una articulación virtuosa entre derechos universales y multiculturalismos que junto a los fenómenos migratorios, desplazados y refugiados por conflictos sean vividos bajo el prisma de la persona como ser genérico universal, y no en base al color de piel, como fue el reciente llamado de atención del Papa a los líderes europeos.

De no volver a transformar en significantes conceptos como capitalismo, imperialismo, lucha de clases en las actuales condiciones de la humanidad, las izquierdas corremos el riesgo de no solo seguir siendo irrelevantes (como lo demuestran varios ejemplos políticos en Europa) y desplazadas por derechas y ultra derechas, sino que responsables directos de una humanidad envueltas en crisis de guerras, medioambientales y alimentarias.

Por *Carlos Gutiérrez Palacios, experto en defensa, integrante de GADFA.

El rol de la OTAN-UE en el conflicto Ruso-Ucraniano. Por Carlos Gutiérrez P.*

rusia ucra

Entre todas las aristas propias de un conflicto, una de vital importancia tiene que ver con el relato que fundamenta el origen y las causas de este, y desde este punto de partida el comportamiento que se tiene en el desarrollo de la crisis. Es un terreno en disputa, principalmente en el campo publicitario, que tiende a explicitar o a esconder las explicaciones y los argumentos dependiendo del comportamiento de los actores, porque se asume que esta opera en el ámbito de la subjetividad y por lo tanto el de la legitimidad.

El Presidente Putin hizo explícita su apreciación del origen del conflicto y los objetivos políticos que esperaba alcanzar a través de una acción militar. En su discurso del 21 de febrero realiza un relato histórico de la relación entre Rusia y Ucrania, con fuertes críticas a las medidas tomadas durante la Revolución Rusa y continuadas por el régimen soviético, destacando los lazos étnicos, culturales y religiosos entre ambos pueblos. En su discurso del 24 de febrero donde toma la decisión de la Ofensiva Militar Especial, engarza la relación histórica con la coyuntura estratégica de la ofensiva de la OTAN hacia el este que compromete la seguridad nacional del estado Ruso, queriendo incorporar en esta alianza militar a Ucrania.

Por lo tanto, la ofensiva militar para Rusia tiene como objetivos detener el crecimiento de la OTAN hacia países limítrofes con la Federación, la no instalación de infraestructura militar estratégica cerca de sus fronteras, y en el caso concreto de Ucrania “desmilitarizar, desnazificar, juzgar a criminales de guerra en los ataques hacia las regiones autoproclamadas autónomas”, y por cierto asegurar la independencia de estas y reconocer la incorporación de Crimea a Rusia.

Por parte de la OTAN, en su relato sobre las causas del conflicto nunca se han referido explícitamente a estas demandas rusas y más bien han optado por explicaciones que van desde las características personales de Putin hasta las aspiraciones de reconstruir el Imperio Zarista para algunos o la Unión Soviética para otros.

Despejar esta demanda rusa por parte de la OTAN sería de gran ayuda para entender en su profundidad el conflicto, así también como una pieza clave para su resolución a través del diálogo y acuerdos.¿La OTAN está de acuerdo y trabaja para que Ucrania entre a su alianza militar? ¿La OTAN puede asegurarle a Rusia, en base al concepto de seguridad indivisible aprobada en la Carta de París de 1990, que no ampliará su alianza militar a sus fronteras?

Las anunciadas señales de alerta

Desde el punto de vista fáctico, la Federación Rusa había dado potentes señales de querer proteger su espacio geopolítico sustantivo, consistente en las fronteras de lo que fue la Unión Soviética, desmembrada después de 1990. Las dos guerras de Chechenia (1994 y 1999), la guerra de Georgia (2008) y todas las acciones antiterroristas y de inteligencia en la zona baja del Cáucaso. Su involucramiento en la crisis política interna de Ucrania en 2014, que tiene como consecuencias la separación de dos regiones en la frontera sur este con Rusia y que las reconoce como tal, más la anexión de Crimea que la incorpora al estado ruso. En el año 2015 tiene una activa participación rusa en la guerra de Siria, que permite detener el derrumbe del gobierno y el comienzo de una reconquista de su territorio que estaba en manos de fuerzas extranjeras y grupos terroristas. Ya en la Conferencia de Seguridad de Munich de 2007, el Presidente Putin manifestó que “Creo que es obvio que la expansión de la OTAN no tiene ninguna relación con la modernización de la propia alianza, ni con garantizar la seguridad de Europa. Por el contrario, representa una grave provocación que reduce el nivel de confianza mutua. Tenemos derecho a preguntar ¿contra quién va dirigida esta expansión?”.

Todas fueron señales progresivas de una clara determinación rusa por mantener un rol protagónico como actor regional, con aspiraciones a recuperar un papel global de mayor magnitud. Después del período de decadencia soviética y desmembración de esta, la realidad económica, política y militar de la Federación Rusa hablaba de un estado debilitado y con liderazgos fallidos que mantuvieron ese declive. Es innegable que los gobiernos de Putin comenzaron una recuperación en todos esos planos, particularmente el económico en base a la producción energética y el militar con un esfuerzo en la modernización y la innovación. Este proyecto estratégico se funda en dos conceptos básicos que Putin plantea claramente en su discurso del 21 de febrero, cuando dice “que la fuerza y la voluntad de lucha son la base de la independencia y la soberanía”.

 En el momento que Rusia recuperó su fuerza y tuvo la voluntad, pasaron a una política exterior ofensiva que garantizara su seguridad y su estatura estratégica.

Esta misma evaluación del peligro que encerraba este crecimiento de la OTAN hacia la frontera este de Europa, también fue señalada por actores occidentales, que no fueron escuchadas por las elites gobernantes.

Henry Kissinger en un artículo del Washington Post del año 2014 decía: “La UE debe reconocer que su morosidad burocrática y la subordinación del elemento estratégico a la política interna en la negociación de la relación de Ucrania con Europa contribuyeron a convertir una negociación en una crisis”. “Tratar a Ucrania como parte de una confrontación Este-Oeste hundiría durante décadas cualquier posibilidad de llevar a Rusia y Occidente, especialmente Rusia y Europa, a un sistema internacional cooperativo”. “Por su parte, Estados Unidos debe evitar tratar a Rusia como un aberrante al que pacientemente se le enseñan las reglas de conducta establecidas por Washington”. “Ucrania no debe unirse a la OTAN, una posición que asumí hace 7 años cuando se trató por última vez”. Todas estas declaraciones del gurú de las relaciones internacionales, fueron hechas en el momento de la crisis desatada en 2014, cuando un golpe de estado destituyó al gobierno constitucional ucraniano.

El coronel Douglas Macgregor, ex asesor del Secretario de Defensa de Estados Unidos, ha tenido una profusa aparición pública reconociendo que Rusia ha manifestado durante muchos años que no tolerará esa expansión ni armas nucleares cerca de sus fronteras.

Variados dirigentes políticos europeos también lo plantearon durante muchos años, especialmente a partir de la crisis del año 2014. Una nueva relación de seguridad entre Moscú y la UE tiene una larga data, ya desde los primeros años de la Guerra Fría; en 1987 Gorbachov habló de “un hogar común europeo”; en 1996 se planteó la construcción de un nuevo marco para la seguridad europea sobre la base de la OSCE; en 2008 se volvió a proponer la constitución de un nuevo tratado sobre seguridad europea que incorporaría a Rusia. Todas iniciativas que fracasaron, por la enorme presión estadounidense para no desacoplarse de Europa y evitar constituir en el viejo continente un protagonismo propio que terminara en una política internacional no subordinada.

A esto debe sumarse al fracaso de las negociaciones de los misiles Antibalísticos (AMB), y el de fuerzas nucleares de rango intermedio (INF); la salida del Tratado de Cielos Abiertos por parte de Estados Unidos y Rusia; y la consolidación de la expansión de la OTAN a los países que habían formado el bloque socialista.

Así, paulatinamente, Rusia fue transitando y mutando desde el “descontento pasivo al revisionismo activo” (Real Instituto Elcano, 25 enero 2022).

Las acciones concretas de la OTAN

La OTAN, aprovechando la debilidad estratégica de Rusia después del colapso de la URSS, ha impulsado una política agresiva hacia el este, pero también más allá de sus fronteras declaradas originalmente, lo que hace dudar de que su interés de cierra en el marco europeo. Hay que recordar que participó activamente en la guerra de Libia y Afganistán, que implica a los miembros europeos siguiendo los dictados de una política subalterna a los intereses de Estados Unidos.

La OTAN ha trabajado silenciosa y constantemente por ampliarse hacia las fronteras de la Federación Rusa, desde el año 1999. Y con los países del este que todavía no ingresan, justamente como Ucrania, ha sido muy activos en la asesoría militar y venta de equipamiento, que es un paso previo a la membresía oficial.

En esta crisis tiene una responsabilidad muy grande, que ha sido soslayada por el momento eufórico y retórico de la guerra, pero que tendrá que analizarse concienzudamente si se quieren recuperar los espacios para la diplomacia.

Francia y Alemania (en menor medida Naciones Unidas), no jugaron un rol destacado en los acuerdos de Minsk que recogía las inquietudes de las partes directamente involucradas originadas en la coyuntura de 2014, y durante 8 años no se lograron avances importantes que hubiesen logrado detener la escalada del conflicto.

Durante muchos años, y especialmente en los últimos meses, distintos líderes de la OTAN alentaron en forma irresponsable (y podríamos decir cínica) la mantención de una tensión entre Ucrania y Rusia, asegurándole a Zelensky algo imposible de cumplir: el apoyo de la OTAN.

Los más activos fueron los estadounidenses, que se dedicaron a enviar equipamiento militar de menor envergadura, pero sobre todo a través de un discurso muy sostenido que aseguraba el acompañamiento a la política ucraniana. Desde el año 2014 se le ha entregado más de 2.500 millones de dólares en equipamiento militar. El 1 de septiembre de 2021 en un encuentro entre Zelensky y Biden, este último declara «Estados Unidos sigue estando firmemente comprometido con la integridad territorial de Ucrania frente a la agresión rusa»; seguirá entregando armas “para que se defienda eficazmente de la agresión rusa” y “apoyamos las aspiraciones euroatlánticas de Ucrania”.

Una vez iniciado el conflicto (25 de febrero), volvió a aprobar otro paquete de ayuda militar por 350 millones de dólares, y comprometiéndose a fortalecer las sanciones, “asistencia de defensa concreta” y “una coalición contra la guerra”.

El desatino mayor lo sigue cometiendo el Secretario de Estado, Antony Blinken, que sigue prometiendo entrega de armas pesadas, imposibles de cumplir tanto por problemas logísticos, de oportunidad, como la implicancia directa de un país miembro de la OTAN. Ante la persistencia de solicitud ucraniana de aviones de combate, Estados Unidos presionó al gobierno polaco para que enviara sus aviones de origen soviético a cambio de la entrega de F-16 estadounidenses. Los polacos, con mayor noción de las limitaciones legales y sobre todo por el peligro de escalada del conflicto en su propio país, desmintió los informes noticiosos del envío de Mig-29 y SU-25, afirmando «Polonia no enviará sus aviones de combate a Ucrania, ni permitirá el uso de sus aeropuertos», declaró en Twitter, al detallar que el Gobierno polaco ayuda a Kiev «significativamente en muchas otras áreas» (6 de marzo).

Afirmaciones un día después que Putin expresara claramente que cualquier intento por declarar a Ucrania como una zona de exclusión aérea significaría un casus belli con aquel país que lo hiciese y contra el cual utilizaría todos los medios militares correspondientes.

Pero mientras estas encendidas peticiones del Secretario Blinken ocurrían en la frontera de Polonia con Ucrania, el 7 de marzo la vocería del Pentágono pedía a estadounidenses que no se incorporaran a la guerra en Ucrania como voluntarios y Biden le aseguraba a Zelensky que seguirían apoyándolos a través de la ayuda humanitaria y económica (6 de marzo).

El secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, dijo que una zona de exclusión aérea sobre Ucrania no es una opción que esté considerando la alianza. “Hemos acordado que no deberíamos tener aviones de la OTAN operando sobre el espacio aéreo ucraniano o tropas de la OTAN en territorio ucraniano” (4 de marzo).

Algo parecido a lo sucedido con Hungría, que a través de un decreto presidencial prohibió el tránsito de armas y equipos letales al territorio de Ucrania para proteger sus propios intereses de seguridad nacional (7 de marzo).

Entre 2014 y 2020 se produjo una venta importante de armas a Ucrania (según informe de SIPRI), destacándose los siguientes países en los envíos (todos miembros de la OTAN), aprovechando los fuertes intereses de sus respectivas industrias militares: República Checa (36 %), Estados Unidos (24 %), Polonia (16 %) y Francia (6 %).

En los días inmediatamente anteriores al inicio de la guerra, y especialmente en la primera semana de conflicto, varios países de la OTAN asumieron “un compromiso” con en el envío de armas no estratégicas ni pesadas. Ellos son España, Polonia, República Checa, Rumania, Eslovaquia, Letonia, Estonia, Finlandia, Alemania, Lituania, Suecia, Dinamarca, Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Francia, Grecia, Italia y Portugal.

Parte del armamento consiste en lanzacohetes, lanzagranadas, pero mayoritariamente fusiles, pistolas y munición. Es razonable la pregunta acerca de la eficacia de este armamento para el tipo de guerra que se lleva a cabo en territorio ucraniano.

Justamente en una entrevista al canal 24h de RTVE (1 de marzo), la televisión pública española, el general retirado José Enrique Ayala (ex Jefe del Estado Mayor del Euro-cuerpo entre 2001 y 2003) se hacía las siguientes preguntas: «¿con esas armas qué va a pasar? ¿Van a dar la vuelta los ucranianos a la guerra? ¿la van a detener dos semanas? ¿la van a retrasar tanto que las sanciones económicas, o el rechazo de la población, o los oligarcas, terminen por obligar a Putin a terminar con la agresión? ¿O solo la van a retrasar dos semanas y al final van a terminar igual que si no se hubieran dado armas? Porque si es así, los muertos de esas dos semanas no van a servir de nada».

En el portal de noticias France24, a propósito de un reportaje sobre la misma preocupación de la entrega y tipos de armas se planteaba: “Los que se hacen esas mismas preguntas son cada vez más, unas voces que destacan en medio del que parece un consenso amplio alrededor del apoyo militar a Ucrania, que bebe de la dura urgencia de hacer algo que pare esta guerra. ¿Bajo qué cálculos se han tomado esas decisiones? ¿Están los gobiernos dispuestos a que estas armas europeas terminen en manos de los civiles ucranianos?” (4 de marzo).

Este armamento claramente no favorecerá la victoria ucraniana en el terreno militar frente a Rusia, pero podría prolongar el enfrentamiento en una dimensión distinta, con civiles armados, grupos criminales y otros. Han sido los propios ucranianos que se han quejado que este armamento está en desuso (ametralladoras españolas); que los misiles alemanes no funcionan y los lituanos están caducados; que una mayoría son anticuados y eran parte de los excedentes de estos países y que las municiones no son estandarizadas.

Además, la Unión Europea ha informado que ha aprobado un paquete de 500 millones de dólares en armamento (27 de febrero), sacado de un fondo denominado Fondo Europeo para la Paz (¡!). Pero a su vez, el Presidente del Consejo Europeo Charles Michel ha declarado que la UE no planea financiar el suministro de aviones de combate a Ucrania (6 de marzo).

En la medida que el conflicto avanza, que no se ve verosímil una derrota de la invasión rusa, que Putin endurece su discurso hacia occidente, que los efectos económicos empiezan a sentirse también en Europa y que afloran voces de otros actores estatales fuera del círculo subordinado de la UE-OTAN, también empieza a tambalear el monolitismo y sobre todo “los compromisos a ultranza del apoyo a Ucrania”.

El día 6 de marzo, en un artículo del New York Times, el primer Ministro británico, Johnson afirmaba que ningún país de la OTAN ha enviado tropas de combate a Ucrania y que “la OTAN no se siente hostil a la población rusa y no tiene la intención de impugnar a una gran nación y potencia mundial”.

Solo después de una semana de conflicto, y de la euforia inicial y de estar en la posición más beligerante se han incrementado las declaraciones de líderes buscando retomar los diálogos y puentes de contacto, particularmente con Putin. Esa ha sido la actitud del presidente Macron de Francia, Erdogan de Turquía y de Naciones Unidas a través de la Coordinación de Asuntos Humanitarios.

No es la misma actitud de Estados Unidos, que sigue presionando a fondo por escalar el conflicto, para aprovechar más que nunca de eliminar a uno de sus competidores, lamentablemente a costa de población civil, destrucción y nuevas crisis económicas.

Tarde se da cuenta el presidente Zelensky del papel que jugó en esta pugna estratégica. El 8 de marzo en un video mensaje dirigido a la nación y divulgado en su canal de telegram, manifestó «Han sido 13 días de promesas, 13 días en los que se nos ha dicho que pronto habrá ayuda en el cielo, de que habrá aviones que estarán sobrevolando para nosotros», acusando a los países occidentales de incumplir sus promesas de apoyar al país en la confrontación que mantiene con Rusia y que escaló a partir del 24 de febrero de 2022.

Tarde llega la UE-OTAN a plantear opciones diplomáticas de resolución del conflicto, aunque siguen siendo necesarias y urgentes. Pero la sociedad europea deberá tener una profunda reflexión acerca de sus liderazgos, de sus políticas internacionales y sobre todo en responder si Europa es una entidad propia frente a Estados Unidos y dispuesta a ser parte creativa en configurar un nuevo sistema mundial.

*Carlos Gutiérrez P., experto en defensa, mieMbro de GADFA.

ANÁLISIS: La variable política internacional en el conflicto Ruso-Ucraniano. Por Carlos Gutiérrez P*

putin

Para seguir con el análisis de las claves del conflicto entre Rusia y Ucrania, tanto en su origen, pero sobre todo en las consecuencias que este podría arrastrar en la perspectiva del cuestionamiento al status quo internacional y el camino hacia una nueva arquitectura y modelo del sistema internacional, voy a plantear la revisión de algunas situaciones y posiciones que se han generado al calor del conflicto, como siempre a modo de hipótesis.

Pero antes quiero poner en cuestión el abuso distorsionado que los principales líderes de la OTAN y por consiguiente la obsecuencia de los medios de comunicación han realizado del término “comunidad internacional”. La usan como soporte de apoyo a las opiniones y medidas que la OTAN ha estado tomando. Usándolo genéricamente construye la idea de que “serían todos los países del orbe”, que es la única forma posible de entenderlo, cuando en realidad, hasta ahora, no ha existido medida, sanción o declaración que sea compartida por la “comunidad internacional”, es decir, todos los países del orbe.

Lo transparente debiera dictar que, ante cada medida tomada por la OTAN, se hiciera un relato pormenorizado de quienes la apoyan o qué grupos de países la comparten. Como fue el detalle de la votación en la Asamblea de la ONU y de la OEA.

Pero, como lo señalé en un texto anterior, es parte de una de las claves usadas en los conflictos, la desinformación.

Sigo sosteniendo que el centro de gravedad de esta crisis radica en la lectura geopolítica y la entropía del actual sistema internacional, que está llegando a su eclosión en la forma de una hegemonía unilateral agresiva, y que es cuestionada por otro poder de escala global y por poderes de escala regional.

1.-.       La posición política de la Comunidad Internacional

La Asamblea extraordinaria de Naciones Unidas, pedida especialmente para abordar la crisis ruso-ucraniana y llevada a cabo el día miércoles 2 de marzo, tuvo un resultado obvio y razonable a través de una mayoría de países que condenan la operación militar rusa. Lo más probable que esta situación y su resultado estuviera en los cálculos de la Federación Rusa, pero como ya es una constante con estas resoluciones, su impacto real es irrelevante, lo que demuestra la burocratización de este organismo (planteamiento hecho por distintos países a lo largo ya de varias décadas) y por lo tanto es urgente su replanteamiento en la perspectiva de un nuevo orden mundial. Estas resoluciones no tienen carácter vinculante y no están asociadas a medidas concretas contra el país que ha sido condenado.

Pero lo más decidor de la reunión y su resolución no es la obviedad de la condena, sino la imagen que nos deja la votación en particular de cada país y las implicancias reales que eso tiene. La votación por la condena obtuvo 141 votos, la contraria un total de 5, y las abstenciones sumaron 35, más 12 que no asistieron y que en los códigos del organismo por lo general son países que no participan del carácter de la convocatoria, por lo tanto, deberían considerarse como votación en contra o abstención.

Si se piensa en los países que, por tamaño, economía, poder militar y vocación tienden a ser líderes regionales, notamos que, en Asia tanto China, India y Pakistán se abstuvieron de la condena. En Medio Oriente, Irán a Irak también se abstuvieron. En África, para la zona sahariana Argelia y Sudán se abstuvieron y Egipto apoyó la condena. En la zona subsahariana Sudáfrica, Etiopía, Angola y Tanzania se abstuvieron y Nigeria apoyó.

En América Latina, los tres grandes, Brasil, México y Argentina apoyaron el voto de condena de la ONU, a pesar que en la resolución de condena de la propia OEA del día 25 de febrero, Brasil y Argentina no la suscribieron. La situación de América Latina también es bien decidora de las contradicciones que genera este conflicto en el plano internacional, porque de 34 países miembros, 23 votaron a favor de una declaración de condena (en el documento se suma a Venezuela con el representante de Guaidó, pero si queremos ser serios con la propia crisis en Ucrania esta suma es parte del cinismo del hegemón) y 11 que no la apoyaron (Argentina, Bolivia, Brasil, Cuba, Dominica, El Salvador, Nicaragua, San Vicente y las Granadinas, Saint Kitts y Nevis, Santa Lucía y Uruguay). Siendo la zona más cercana geográficamente a Estados Unidos y con una influencia histórica en todos los planos, esta postura política tiene una profundidad a tener en cuenta.

Me parece que estas votaciones son muy ilustrativas del carácter de la crisis en el plano de la política internacional y del statu quo existente en el sistema internacional, con un hegemón agresivo que despliega su política y poder militar para controlar o reprimir el surgimiento de nuevos liderazgos regionales y subregionales, lo que permitiría una nueva estabilidad mundial acorde a una lógica de zonas sustantivas (que tengan más sintonías en términos económicos, lingüísticos, políticos, culturales, etc.).

Esto debiera leerse como un mensaje potente de los países que no están en la subordinación atlanticista, y que buscan y lo más probable es que se movilicen en la dirección de la configuración de sus espacios sustantivos.

2.-        Las fronteras de Rusia

Otro aspecto importante que denotan las definiciones de los países en torno a esta crisis, es que la frontera asiática de Rusia está relativamente bien cubierta a propósito de los esfuerzos diplomáticos de cooperación e integración, así como la continuidad vincular con países que fueron parte de la Unión Soviética o surgieron simultáneamente a la independencia en el marco de la revolución rusa.

En el Consejo de las Naciones Unidas, Mongolia, China y Kazajistan se abstuvieron; Azerbaiyán no asistió; Corea del Norte votó en contra. Aparece claro que el mundo asiático, a los cuales debiera sumarse India y Pakistán mantiene fuertes relaciones con Rusia y que no se aprecia la posibilidad de una ruptura en esa dinámica, sino que lo más probable es que se fortalezca, apelando justamente a la crítica expuesta a la expansión agresiva de Estados Unidos y sus países subalternos.

En la zona sur occidental Azerbaiyán no asistió al Consejo y Georgia votó a favor de la condena. La situación con Georgia es más compleja, teniendo en cuenta que con ella ya hubo una guerra en el año 2008, que tuvo como consecuencias la postergación de la incorporación a la OTAN, pero también la autonomía de dos regiones: Abjasia y Osetia del Sur con fuerte presencia rusa.

Es la frontera occidental el problema mayor para Rusia, donde cuenta con Bielorrusia como su aliado más fuerte (votó en contra de la resolución de la ONU); Ucrania con la que mantiene la crisis actual, originada en lo inmediato por la presión para su entrada en la OTAN y el conflicto desde 2014 contra las regiones autoproclamadas independientes de Lugansk y Donietsk. Las tres repúblicas bálticas (Estonia, Letonia y Lituania) son miembros de la OTAN desde 2004, y que votaron a favor de la condena, pero creo que frente a ellos Rusia no tiene la misma percepción de peligro, tanto por su estatura estratégica, como porque entre ellas y Polonia (que también votó a favor de la condena y es parte de la OTAN desde 1999), existe una región incrustada del estado ruso, que es Kaliningrado que tiene una fuerte presencia militar.

En la zona norte la frontera más larga es con Finlandia, que votó a favor de la condena de Naciones Unidas, que no es miembro de la OTAN, pero que tiene una experiencia bien traumática de relaciones con su vecino y sabe de las respuestas rusas en el plano militar.

En la frontera oriental no tiene contigüidad terrestre con nadie, y lo separa el mar de Japón justamente con este país, pero los rusos allí también tienen posiciones en el propio espacio japonés a través de las islas Kuriles.

Esta realidad fronteriza le entrega a Rusia una comodidad estratégica en su profundidad, dejando su inquietud solo para la frontera occidental, que es donde está concentrando su esfuerzo político y militar.

3.-        Los bloques económicos y políticos

Es interesante también visualizar el panorama de la toma de posiciones de los países en sus respectivos bloques políticos y/o económicos.

En el año 2001 surge un espacio de articulación de enorme envergadura y considerado de mayor proyección, más allá de las crisis que ha vivido en el ámbito económico. Se trata de la coordinación BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica). Lo que surgió como instancia de diálogo, se formaliza en el 2008 y a partir del año 2009 empieza su política de cumbres en forma permanente.

Esta instancia de cooperación representa hoy día casi la mitad de la población mundial (3.200 millones de habitantes), el 40 % de la economía mundial y es la experiencia más contundente y exitosa de cooperación sur-sur. Si analizamos su postura frente a la actual crisis, fuera de Rusia que es el incumbente, todo el resto ha tenido posiciones de abstención en las condenas (aunque existe la doble postura de Brasil en la OEA y en la ONU), y ninguno se ha sumado a las medidas de sanciones.

Este bloque, para el año 2030, llegará a representar el 45 % de la economía mundial. Y entre los 10 países con mayor impacto en la economía global, estarán 4 de este bloque, más México e Indonesia. Estos últimos, que se han sumado al voto de condena de la ONU simultáneamente han declarado que no serán parte de sanciones, pero también piden un trato justo de las demandas de las partes y en apoyar la solución del conflicto.

Los otros 4 países que completan la lista de 10, son Estados Unidos, Japón, Alemania e Inglaterra. Esto también demuestra la tendencia a la pérdida de peso específico de la Unión Europea, que apenas significará alrededor del 14 % del PIB mundial.

La realidad y tendencia económica también apunta a la desincronización entre la arquitectura del sistema mundial actual, tanto política como económica, que sigue siendo heredera de la resolución post Segunda Guerra Mundial, y que no da cuenta de estas nuevas realidades, tanto globales como regionales.

El acuerdo de la ASEAN (Asociación de Naciones del Sudeste Asiático), tercero en importancia económica como bloque económico, ha primado una mayoría de votos de condena en el marco de la declaración de la ONU. Del total de 10 países miembros, 8 aprobaron la resolución y dos se abstuvieron (Laos y Vietnam). Pero junto a eso, no estuvieron por apoyar sanciones económicas, excepto Singapur que se sumó a las medidas en el aspecto financiero.

El proyecto de escala global conocido como La Ruta de la Seda, que se posiciona como el espacio de intercambio de bienes más grande del mundo, tiene compromisos y trayectoria territorial originadas en los países de Asia continental. Comienza en China y pasa por Pakistán, Afganistán, Kazajistán, Turkmenistán, Kirguistán, Uzbekistán, Tayikistán, Rusia y Turquía, que es la entrada a Europa.

De estos 10 países, ante la resolución de la Naciones Unidas de condena a Rusia, hubo dos votos a favor (Turquía y Afganistán); 5 abstenciones (China, Pakistán, kazajistán, Kirguistán y Tayikistán); uno en contra (Rusia); y dos que no asistieron (Turkmenistán y Uzbekistán).

Ninguno de estos países se sumará a las restricciones propuestas por la OTAN, y es importante que en esto se sumó la propia Turquía que, siendo miembro de la OTAN y esperando su ingreso a la UE, declaró el día 1 de marzo, a través de su cancillería, que “no participa de medidas punitivas”.

En el mundo africano, también nos encontramos con la misma lógica de otros espacios regionales, una división en la condena específica a Rusia por su operación militar en contra de Ucrania, pero un desmarque total de las sanciones económicas y financieras. Esta es una demostración también muy potente de la importante presencia e influencia de Rusia, pero también especialmente de China y la histórica distancia crítica frente al mundo europeo, todavía crudamente recordada en su expansión colonial.

De los 10 principales países africanos, desde la perspectiva económica y poblacional, su posicionamiento ante la condena de Naciones Unidas fue dispar. 5 de ellos se abstuvieron (Sudáfrica, Argelia, Angola, Sudán y Tanzania); 4 apoyaron la condena (Egipto, Nigeria, Botzwana y Kenia); y 2 no asistieron (Marruecos y Etiopía).

También es muy significativo, que en las distintas zonas político-estratégicas (Sahara y subsahariana), la presencia es liderada por países que están teniendo una posición distante de las medidas atlanticistas, como Argelia y Marruecos en la primera; Etiopía, Angola y República Centro Africana en la segunda. En la zona sur de África, es indudable el liderazgo sudafricano y sus pretensiones de influencia estratégica.

Seguramente son muchas más las hipótesis que pueden seguir elaborándose en este complejo, disperso y variado panorama internacional. Pero es cada vez más urgente la necesidad de abrir los debates sobre el mundo que queremos, que retome la diplomacia, la seguridad indivisible, un tejido socio-político de actores internacionales, un comercio justo, y una desconcentración del poder.

No me detuve en la Unión Europea y OTAN porque es lo más visible en las noticias y porque es la que encabeza las votaciones de condena y sanciones a Rusia, existiendo casi unanimidad al respecto.

Pero creo que allí está también parte del problema actual, que espero abordar en otro momento. Al menos podemos enumerar los siguientes: la subordinación total a la política internacional de Estados Unidos; la tendencia decadente en su influencia política y económica a nivel mundial; un conjunto de problemas internos, indebidamente abordados, que tensionan a sus sociedades y sus sistemas políticos; la falta de un proyecto coherente de alcance progresista que sustituya definitivamente su mirada pretensiosa de pensamiento único.

También es muy importante despejar la toma de posiciones de los países desde la perspectiva de sus intereses y temas pendientes. Ejemplos claros hay muchos, como lo que sucede en África, Asia continental y Sudeste Asiático, vinculados estrechamente a la economía rusa y china; en Europa Serbia que tiene un asunto pendiente con Kosovo; Turquía que busca posicionarse como bisagra entre Europa y Oriente; Israel que ha dicho que no se suma a las sanciones por sus relaciones estrechas con Rusia y el papel de contención que este juega en Medio Oriente.

Por lo tanto, la superficialidad de la retórica y del discurso grandilocuente homogéneo en los medios de comunicación esconden realidades y conflictos más profundos, que se escudan momentáneamente en una posición frágil y circunstancial, que no debe llevar a engaños. De lo contrario se siguen incubando conflictos a los cuales se volverá a llegar tarde con la diplomacia y la negociación.

*Carlos Gutiérrez P., experto en defensa, integrante de GADFA

Una aproximación a la crisis Ruso-Ucraniana . Por Carlos Gutiérrez*

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En toda crisis, y particularmente si esta conlleva el uso de la fuerza, nos podemos encontrar con tres componentes básicos iniciales: la desinformación, la retórica y el cinismo.

No quiero detenerme en ellos porque no me parece lo más relevante de la coyuntura, pero es indudable que juegan un rol muy importante en la opinión pública, en las perspectivas de los analistas (especialmente aquellos que son especialistas de última hora en todo), y sobre todo en ocultar los intereses vitales que condujeron a la crisis.

La desinformación (“se está haciendo una masacre de ciudadanos”, “se están bombardeando ciudades”, “esta es una operación limitada”, y un largo etc.), la retórica (“esto llevará a la tercera guerra mundial”, “ahora vendrá el ataque al resto de Europa”, “se aplicarán las sanciones más grandes de la historia”, y otro largo etc.), y el cinismo (“apoyaremos la lucha por la libertad y la democracia”, “es inaceptable el ataque a un país soberano”, “no se puede aceptar la independencia de regiones de un país soberano”, “siempre optaremos por la paz”, y un etc. más largo aun escondiendo guerras injustas y preventivas, masacres, desconocimiento de la ONU, golpes de estado), hacen de estas coyunturas espacios para el maniqueísmo de los líderes y medios de comunicación de todas las improntas y orientaciones ideológicas, quizás el más recurrente por su facilismo que es el de caracterizar a unos como buenos y a otros como malos, no auscultando los intereses que mueven a unos y a otros.

Por lo tanto, trataré de identificar algunas líneas interpretativas a modo de hipótesis y en forma sucinta (porque estamos ante hechos que transcurren con mucha velocidad) que cubran las explicaciones de por qué se ha llegado a la crisis, los elementos que son develados por esta, y los escenarios y conceptos que quedan abiertos.

1.- El origen profundo de la crisis.

Según la BBC (quizás uno de los medios considerados más serios en el mundo), el actual conflicto tiene sus inicios en la anexión de Crimea por parte de la Federación Rusa en el año 2014, lo que ya demuestra el sesgo interpretativo de una situación de mucho más larga data y de mayores complejidades.

En el discurso presidencial de Putin del 21 de febrero, hay una larga explicación de lo que significa Ucrania y el eslavismo para los rusos, arraigado en lo más profundo de su “fondo cultural” (de allí la crítica a lo que hizo la URSS con Ucrania), y que al parecer el occidente europeo y Estados Unidos nunca han logrado comprender. Incluso llegar a decir del “dolor inmenso que les provoca su alejamiento de Rusia”.

Se explaya al respecto con estas afirmaciones:

“El bienestar, la existencia misma de Estados y pueblos enteros, su éxito y vitalidad tienen origen en un poderoso sistema de raíces de su cultura y sus valores, la experiencia y las tradiciones de sus antepasados y, por supuesto, dependen directamente de la capacidad de adaptarse rápidamente a una vida en constante cambio, de la cohesión de la sociedad, de su voluntad de consolidarse, de reunir todas sus fuerzas para seguir adelante.

Pero ustedes y yo sabemos que la verdadera fuerza está en la justicia y la verdad, que están de nuestra parte. Y si esto es cierto, entonces es difícil no estar de acuerdo en que la fuerza y la voluntad de lucha son la base de la independencia y la soberanía, la base necesaria sobre la que se puede construir un futuro, un hogar, una familia, nuestra patria.”

En el fondo histórico de Rusia siempre se han encontrado dos paradigmas político-culturales: el europeísmo y el eslavismo, que han vivido las vicisitudes propias en cada época y dependiendo de la hegemonía de uno u otro, se entienden las políticas exteriores de Rusia. Durante la URSS esta tensión se vio morigerada por el conflicto mayor de corte ideológico, pero nunca despareció.

Se reactivó con la desaparición de la URSS. Gorbachov y Yelstin más europeístas esperaron de estos la buena voluntad de acogerlos en el seno europeo, pero la debilidad política y económica de Rusia alentó la tentación estadounidense del hegemón unilateral.

Como lo dice el propio Putin en su discurso del 24 de febrero:

“La respuesta es clara, comprensible y obvia. La Unión Soviética se debilitó a finales de la década de 1980 y luego se derrumbó. Todo el curso de los acontecimientos de entonces es una buena lección para nosotros y ahora se ha demostrado convincentemente que la parálisis del poder y la voluntad es el primer paso hacia la degradación y el olvido por completo. Una vez que habíamos perdido la confianza por un tiempo, el equilibrio de poder en el mundo se rompió.”

Hoy están en su cénit los eslavistas que, sin despreocuparse de Europa, sienten que su estatura histórica reside en la fortaleza y riqueza del eslavismo y para eso fortalecen su espacio étnico-cultural, así como consecuencia directa el cuidado de sus fronteras, que es lo que sintetiza su visión de Ucrania.

2.- El papel de los líderes.

Más allá de las caricaturas de cada uno de los líderes principales del conflicto (Putin, Zelensky y Biden) y sus respectivas orientaciones políticas e ideológicas en el plano interno de sus estados, lo cierto es que se puede apreciar un acercamiento muy distinto a la profundidad de la crisis y al modelo de liderazgo de cada uno de ellos.

Los liderazgos más recientes de Estados Unidos están en deuda: el disruptivo Trump que ninguneó a la política internacional y el debilitado Biden, que vive en una realidad paralela entre su visión conservadora del poder de Estados Unidos que ya no tiene y la realidad brutal que le demuestra su derrota en Siria y Afganistán. Su liderazgo se asocia también a ese cinismo calculador que abusa de sus socios, pero que no trepida en dejarlos: al gobierno afgano ante los talibanes, a los kurdos ante los turcos, a la agrupación democrática siria que formó ante el gobierno sirio y la respuesta militar de Rusia.

El liderazgo estadounidense quiere recuperarse, con un discurso fuerte e intransigente, pero lo más probable es que su frente interno esté tan descompuesto y su economía en deterioro, que tampoco se jugará a fondo ante esta crisis que no puede controlar del todo.

El presidente ucraniano Zelensky, que sigue un comportamiento autoritario y corrupto de todos los presidentes anteriores en Ucrania, ha demostrado su inmadurez en estas lides. Se jugó todo a la credibilidad de los discursos de Biden y la OTAN, sin sopesar los verdaderos intereses de ellos, su real poder y disposición a apoyar a Ucrania en la crisis y no dimensionar los intereses rusos. No aprendió de la crisis del año 2014 en Crimea, de la guerra de Chechenia en 1999, ni la del 2008 en Georgia, donde Putin demostró que sí tenía el poder y la voluntad de resolver crisis mediante la fuerza. Es lo más probable que sea el que más pierda en esta crisis.

El presidente Putin creo que ha sido caracterizado correctamente como un conservador nacionalista, con una larga experiencia política y militar, y una visión estratégica sobre el futuro y el papel de Rusia en la política internacional, que en esta materia ha logrado gozar de un alto consenso en la elite interna. Su prestigio y trascendencia se juega precisamente en su proyecto del refortalecimiento de Rusia y su proyección internacional, y así como ha salido victorioso de los conflictos anteriores (particularmente Chechenia y Georgia, y en el reciente apoyo en Siria), lo más probable que de este salga aún más fortalecido.

3.- Los objetivos políticos declarados por el Presidente Putin

Hay dos discursos de Putin que son muy claros en dilucidar sus objetivos políticos en la relación con Ucrania, el del 21 de febrero que acepta reconocer la independencia de las regiones ucranianas autoproclamadas autónomas de Donetsk y Lugansk y el del 24 de febrero que anuncia el inicio de la Operación Militar Especial contra Ucrania.

Ambos discursos son muy decisivos y claros en expresar la visión política de fondo del gobierno ruso, que claramente se podría catalogar como fuertemente nacionalista y realista en política internacional, asumiendo la lógica de defensa de los intereses nacionales y recogiendo la histórica tradición de la cultura y política rusa (que va bastante más allá de lo que muchos analistas han querido identificar como la reconstitución de la Unión Soviética) que la ubica como un actor relevante en un espacio mixto que es Europa y Oriente.

Los objetivos aducidos de alcance estratégico son: la NO expansión de la OTAN hacia el este europeo de países que colinden con la Federación Rusa, así como la NO instalación de infraestructura militar cerca de sus fronteras y que esta alianza regrese a sus fronteras que tenía al año 1997, es decir a la situación previa del ingreso de países que fueron parte del bloque del Pacto de Varsovia que se inició en el año 1999.

Los objetivos inmediatos fueron declarados en el discurso del 24 de febrero que da inicio a la Operación Militar Especial que busca “desmilitarizar, desnazificar y juzgar a criminales de guerra que operaron contra los ciudadanos de las regiones de Donetsk y Lugansk”. A esto, claramente habría que agregar que buscará asegurar la independencia de las dos repúblicas, así como el reconocimiento de una Crimea rusa.

El objetivo de la desnazificación pudiera parecer extraño, pero desde el golpe militar del año 2014, fuerzas políticas de extrema derecha y específicamente sectores neonazis han tenido una influencia muy decisiva en el devenir político de Ucrania, no solo con dirigentes y partidos políticos en puestos relevantes del gobierno y de las fuerzas militares, sino con medidas concretas como la prohibición del uso del idioma ruso, la glorificación de la colaboración nazi en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, la concentración de fuerzas de extrema derecha mundial para su organización internacional, y la creación del Regimiento Azov, que es una milicia neonazi incorporada a la Guardia Nacional Ucraniana.

4.- El componente económico

Nunca va estar declarado explícitamente si hay intereses económicos en el conflicto, pero es evidente que por lo menos hay consecuencias.

Las acciones más visibles y retóricas por parte de la OTAN y Estados Unidos han estado centradas en las medidas económicas, particularmente financieras. Pero hay mucha discusión actual sobre los verdaderos efectos en Rusia, los impactos que estas tendrán en la propia Europa y los efectos de mediano y largo plazo que están en el fondo del conflicto.

Por lo menos, por ahora se pueden enunciar algunos temas relacionados:

  • Rusia viene viviendo sanciones hace varios años, y para esto se ha ido preparando a enfrentar estos escenarios como algunos más duros. Actualmente Rusia tiene reservas líquidas en dólares bastante alto, al igual que en otras monedas y sobre todo de reservas en oro, logrando en enero de 2022 una cifra récord e histórica.
  • Los ingresos a la economía rusa (por lo tanto dólares) son esencialmente en venta de comodities, energía y material bélico. Todas, difíciles de terminar en forma abrupta, particularmente la energía de la cual depende mucho Europa, al igual que determinados productos alimenticios.
  • Los precios de las energías han subido de precios, lo que afectará especialmente a los europeos.
  • Las medidas financieras europeas tendrán también efectos negativos en su propio territorio: inflación; aumento importante de las primas de riesgo que encarecerá los préstamos; faltará liquidez de dólares que tendrán que ser suplidos por la Reserva Federal de Estados Unidos a través de la emisión;
  • El impacto más profundo tendrá la economía financiera mundial, donde el dólar es que corre con el riesgo de ser moneda de reserva y la posibilidad cierta de acelerar la tendencia que exista una economía paralela a la estadounidense-europea con otra china-rusa-oriente, donde no prime el dólar y con un sistema interbancario propio, que ya funciona entre ambos desde el año 2014 (en este sentido el retiro de los bancos rusos del sistema Swift, acelera esta posibilidad).
  • Hay que recordar que la economía europea todavía está en cuidados intensivos producto de los efectos no totalmente superados de la pandemia.
  • El gran ganador económico será China, con la potenciación del yuan, el acopio de oro y nuevas posibilidades comerciales.

5.- La disputa por una nueva configuración mundial

El principal elemento develado por esta crisis es que la actual situación de poder a nivel mundial choca con la arquitectura de poder existente, y se aprecia una tensión dirigida al status quo que impuso Estados Unidos desde el momento en que rompe la dualidad bipolar propia de la Guerra Fría.

La hegemonía unilateral ejercida con toda fuerza por Estados Unidos desde el año 1991 está cuestionada por otro hegemón de magnitud creciente que es China (y que sin lugar a dudas en un futuro próximo superará a EEUU) y por otros poderes que, siendo menores, sí representan influencias determinantes en espacios geográficos más acotados, como pasa con la misma Federación Rusa en un espacio interméstico entre Europa y parte de Asia; India en la zona indo-pacífica; Irán en la zona medio oriente.

Por lo tanto, esta quebradiza estructura internacional, que se expresa en organismos internacionales y alianzas militares, ya no da plenamente cuenta de la realidad política y económica internacional y tiende a buscar su cauce abriendo las nuevas posibilidades de multicentros que tenderán a organizarse y ordenarse en torno a espacios sustanciales.

Este es el gran problema de Estados Unidos y su tendencia al agotamiento de su hegemonía unilateral, que no está dispuesto a este reconocimiento de la nueva realidad mundial y cierra los espacios a esta configuración a través de “cordones sanitarios” que adquieren expresión concreta por ejemplo en la expansión de la OTAN en referencia a la Federación Rusa.

En el discurso del 24 de febrero, Putin lo explica así:

“Una mayor expansión de la infraestructura de la Alianza del Atlántico Norte, la exploración militar de los territorios de Ucrania que ya ha comenzado es inaceptable para nosotros. El punto, por supuesto, no es la OTAN en sí misma, que es solo un instrumento de la política exterior de Estados Unidos. El problema es que en los territorios adyacentes a nosotros —quiero señalar, en nuestros propios territorios históricos— se está creando una anti-Rusia hostil a nosotros, que ha sido puesta bajo un control externo completo, se están acomodándose las fuerzas armadas de los países de la OTAN y están llenado estos territorios con las armas más modernas.

Para Estados Unidos y sus aliados se trata de la llamada política de contención de Rusia, un evidente dividendo geopolítico.”

En este análisis crítico está implícita la discusión sobre la relación entre diplomacia y poder hegemónico absoluto, donde pierde centralidad la opción política para dar paso a la amenaza del uso de la fuerza, lo que abre la necesidad del debate de un nuevo orden con discusión de los conceptos que deberían darle sentido. Según el propio Putin:

En un estado de euforia de superioridad absoluta, de una especie de absolutismo moderno e incluso en el contexto del bajo nivel de cultura general y la arrogancia de aquellos que prepararon, tomaron y cabildearon decisiones beneficiosas solo para ellos mismos, la situación comenzó a desarrollarse en un escenario diferente.

Como he dicho antes, Rusia ha aceptado las nuevas realidades geopolíticas tras el colapso de la URSS. Respetamos y seguiremos respetando a todos los países recién formados en el espacio postsoviético. Respetamos y seguiremos respetando su soberanía, y un ejemplo de ello es la ayuda que hemos prestado a Kazajistán, que se ha enfrentado a unos acontecimientos trágicos y a un desafío a su condición de Estado y a su integridad. Pero Rusia no puede sentirse segura, desarrollarse, ni existir con una amenaza constante procedente del territorio de la actual Ucrania.”

6.- El concepto de Autodeterminación de los pueblos y la Seguridad Indivisible

En esta crisis se han planteado conceptos claves existentes que también serán parte de su interpretación para escenarios futuros.

El principal de ellos es la relación entre la Autodeterminación de los pueblos y el de la Seguridad Indivisible, que han sacado a relucir en varias oportunidades los líderes involucrados en el conflicto.

Nadie ha puesto en interdicción el derecho a la autodeterminación de los pueblos (aunque pudiéramos tener dudas razonables del respeto que se ha tenido sobre este derecho), pero progresivamente la humanidad ha ido incorporando determinadas limitaciones a lo que pudiera ser un derecho absoluto, como por ejemplo el respeto universal de los derechos humanos, la existencia de cortes penales internacionales y otros. Pero, justamente en el año 1990 ante la firma de la Carta de París que da forma a la Organización para la Seguridad y Cooperación Europea (OSCE), se expresa que, en el campo de la seguridad, el concepto de Seguridad Indivisible, que apunta justamente a una limitación implícita para cada Estado.

Es una suerte de reverso conceptual al concepto de disuasión, donde prima el derecho de cada país a generar un poder de tal magnitud que convenza a un hipotético enemigo a no hacer uso de la fuerza; en cambio, el de Seguridad Indivisible se basa en el hecho de que un Estado no debe generar condiciones para que otro estado se sienta inseguro. En palabras de la Carta:

“Finalizada la división de Europa, nos esforzaremos por conferir una nueva calidad a nuestras relaciones de seguridad respetando plenamente la libertad de cada uno de elegir en esta materia. La seguridad es indivisible y la seguridad de cada Estado participante está inseparablemente vinculada a la de todos los demás. Por consiguiente, nos comprometemos a cooperar en el fortalecimiento de la confianza y la seguridad entre nosotros y a fomentar el control de las armas y el desarme”. (Carta de París para una nueva Europa, página 3).

¿Y no es, entonces, precisamente lo contrario a este acuerdo lo que sucede con la expansión de la OTAN a países contiguos geográficamente con la Federación Rusa?

Sería muy interesante, para ir delineando escenarios futuros, retomar este concepto de la Seguridad Indivisible como un paso sustancial en la creación de una nueva arquitectura internacional.

7.- El límite a la actual diplomacia

Para llegar a una situación de crisis que conlleva el uso de la fuerza militar, sea esta limitada o extensiva, hay que reconocer que ha habido un fracaso de la diplomacia.

Este es otro punto esencial que ha develado esta coyuntura, en cuanto a los límites que la actual diplomacia tiene en el marco de una configuración política internacional con un hegemón unilateral agresivo, en una fase de larga duración de decadencia que impide la constitución de otros poderes globales.

Como se puede demostrar a través de un largo recuento de espacios diplomáticos llevados a cabo por la Federación Rusa y Estados Unidos para encontrar un nuevo paradigma de relaciones en Europa que incluyera a Rusia, este caminó demostró sus limitaciones.

Efectivamente, con el ocaso de la Unión Soviética y el término del Pacto de Varsovia, no sucedió lo mismo con la OTAN (teniendo en cuenta que era una alianza defensiva contra la URSS), pero se aseguró que esta no crecería hacia el este. Esta política duró hasta el año 1999 cuando hicieron su ingreso Polonia, Hungría y República Checa. Y así siguieron 4 oleadas más: el 2004 con Bulgaria, Eslovaquia, Eslovenia, Rumania, Estonia, Letonia y Lituania. El año 2009 con Croacia y Albania. El año 2017 con Montenegro y el 2020 con Macedonia del Norte. Estaba en los planes Georgia, pero después de la guerra del año 2008 no continuó con el proceso. Y en el caso de Ucrania los planes comenzaron el año 2008.

Este continuo desprecio por los acuerdos (de palabra y escritos), ha mermado la capacidad de la diplomacia para frenar el uso de la fuerza, y eso conlleva una profunda reflexión sobre una nueva conceptualización y rol de la diplomacia, para que vuelva a ser el instrumento principal y creíble en la resolución de conflictos.

El líder ruso lo sintetiza de esta forma:

“Esto ha provocado que los tratados y acuerdos ya no sean válidos en la práctica. La persuasión y las propuestas no ayudan. Todo lo que no conviene a la hegemonía, al poder, se declara arcaico, obsoleto e innecesario. Y viceversa, todo lo que les parece conveniente se presenta como la verdad definitiva que impulsan a toda costa, groseramente por todos los medios. A quienes no están de acuerdo, los destruyen.

De lo que estoy hablando ahora se refiere no solo a Rusia, y no solo a nosotros nos preocupa. Esto se refiere a todo el sistema de relaciones internacionales y, a veces, incluso a los propios aliados de Estados Unidos. Después del colapso de la URSS, de hecho, comenzó la redistribución del mundo y las normas del derecho internacional que se habían establecido en ese momento —y las normas principales, básicas que fueron adoptadas después de la Segunda Guerra Mundial y consolidaron en gran medida sus resultados— comenzaron a obstaculizar a los que se autoproclamaron vencedores de la guerra fría.

Por supuesto, en la parte práctica de la vida, en las relaciones internacionales y en las reglas que la rigen, era necesario tener en cuenta los cambios de la situación mundial y del equilibrio de poder. Sin embargo, esto se debía hacer con profesionalismo, despacio, con paciencia, teniendo en cuenta y respetando los intereses de todos los países así como entendiendo su propia responsabilidad.”

           

8.- El eurocentrismo.

Si bien esta crisis está centrada geográficamente en Europa, el núcleo del conflicto es entre Rusia y Estados Unidos, pero también es indudable que sus alcances políticos, económicos y geopolíticos lo trascienden grandemente.

Las actuaciones más notorias corresponden a los países de Europa, particularmente los miembros de la OTAN, lo que también produce un sesgo importante en el análisis de la crisis, justamente por el carácter todavía atlanticista del enfoque (con este barbarismo quiero centrar el problema de la llamada lectura de la “comunidad internacional” en la OTAN).

Puede observarse con claridad que los alineamientos con uno u otro de los actores en el conflicto obedecen a sus alianzas o afinidades políticas; como ejemplo por el lado de Rusia e encuentra Siria, Irán, Cuba, Venezuela, etc., y por el lado de Estados Unidos fuera de la OTAN y la UE están sus aliados del Pacífico como Japón, Australia, etc.

Los dos más grandes estados, India y China, han mantenido una distancia prudente de la vociferencia atlantista, absteniéndose en la votación del Consejo de Seguridad de la ONU, algo parecido a lo que pasó con Argentina y Brasil en la OEA. Toda la zona sur de Asia no se ha involucrado en el conflicto, incluso el Primer Ministro pakistaní viajó a Moscú por primera vez en 23 años.

Por lo tanto, muy lejos de existir una posición unánime de la llamada “comunidad internacional”, que también en la amplitud correcta del término están sacando sus propias conclusiones de este conflicto y las preguntas que quedan abiertas al respecto, tanto en lo geopolítico como en lo económico.

9.- Qué logra cada uno

Por supuesto que, con la crisis en curso, lo que se configure como escenarios futuros es todavía muy incierto. Pero, esbozo algunas ideas:

  1. La Federación Rusa podría alcanzar sus objetivos de neutralidad oficial de Ucrania, la independencia de las dos regiones del Donbás, y el reconocimiento de Crimea. Esos logros políticos deberían ser suficientes.
  2. La desmilitarización de Ucrania podría ser parte de su estatus de neutralidad, pero también probablemente como resultados de las operaciones militares propiamente tal, la infraestructura militar ucraniana quede muy debilitada.
  3. Ucrania debiera mantener su independencia y régimen político propio.
  4. Vendrá una situación económica compleja tanto para Rusia como en Europa, pero que también tenderá a nuevas reconfiguraciones, poniendo atención a lo que pase con el dólar como moneda de reserva, sistemas interbancarios, etc.
  5. Estados Unidos no obtendrá ganancias estructurales, excepto una administración publicitaria de la crisis.
  6. La UE y la OTAN entrarán en un nuevo momento de reflexión, una vez pasada la euforia tendrán que enfrentarse a las limitaciones actuales a su poder económico y político, y de su excesiva dependencia de la política estadounidense.
  7. Hay un riesgo general de las lecturas nacionalistas sobre esta crisis, que pondrá en tensión a los proyectos democráticos internos e internacionales.

*Carlos Gutiérrez es analista en defensa y miembro de GADFA.

La inevitabilidad de la guerra en Europa. Por Patricio Escobar.

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Finalmente, la crisis observada en su desarrollo las últimas semanas acabó de la peor manera: en un enfrentamiento abierto desatado con la invasión de Ucrania por parte de Rusia. ¿Era posible una alternativa distinta, que evitara un escenario que nadie en Europa deseaba imaginar? Aparentemente no.

La actual situación de enfrentamiento armado en que ha derivado el conflicto entre Rusia y Ucrania, poco tiene que ver con la personalidad de Vladimir Putin o el carácter de su gobierno, que ciertamente es de un marcado nacionalismo conservador, aunque sin estar más al extremo de otros gobiernos de ese signo en Europa durante los últimos años. Esta crisis es resultado de una suma de variables e intereses que, lenta e inexorablemente, fueron conduciendo a este desenlace.

El equilibrio estratégico de la Guerra Fría

La razón por la que una guerra nuclear entre las grandes potencias no se produjo durante la llamada Guerra Fría, se conoce como “destrucción mutua asegurada”. Esto significa que, si una superpotencia atacaba a la otra con armas nucleares, inevitablemente la atacada podía responder del mismo modo, puesto que el tiempo que tardaban los misiles en volar desde USA a la URSS y en dirección opuesta, era de cerca de 25 minutos, mientras que el tiempo de respuesta de quien detectaba la amenaza era de 5 minutos.

Con la instalación de misiles nucleares en los países pertenecientes a la OTAN, desde los años 50 en adelante, ese tiempo se redujo hasta los 20 minutos. Sin embargo, luego de la caída del Muro de Berlín la OTAN inició su acercamiento hacia las fronteras de la Federación Rusa, llegando a instalar misiles en Polonia y Rumanía, acortando el tiempo de impacto de los misiles en Moscú a 15 minutos, tiempo que todavía permitía la respuesta de Rusia.

La intención de incorporar a Ucrania a la OTAN echa por tierra la restricción que supone la destrucción mutua asegurada, por cuanto el tiempo de vuelo de un misil lanzado desde la frontera de Ucrania solo es de 5 minutos para llegar a Moscú. Por esa razón Rusia no puede aceptar la incorporación de Ucrania a la Alianza Atlántica, puesto que es un auténtico problema de seguridad nacional. Una vez incorporada Ucrania a ese pacto, nada puede evitar que se instalen los misiles en su territorio, ni siquiera la voluntad contraria del gobierno ucraniano.

La “alternativa” a la invasión

¿Rusia tenía que invadir Ucrania? Sí. Si suponemos que Rusia no hace nada, en el escenario precrisis, todo indica que Ucrania ingresaría finalmente a la OTAN. La caída del gobierno de Yanukovic en el 2014 es resultado directo de esa constatación. El acercamiento hacia la UE durante varios años enfrentó en cierto momento la condición de ingresar simultáneamente a la OTAN; lo que Rusia hizo en ese instante fue alertar al gobierno ucraniano de que no podía permitir aquello. Cuando el presidente Víktor Yanukovich quiso dar marcha atrás, la ultraderecha y los sectores que se sentían más cercanos a la alternativa de ingresar a la UE iniciaron una movilización social que se transformó en revuelta popular al recibir el impulso de la UE y USA (que ya tenían experiencia en promover la desestabilización, como hicieron en el caso libio en el 2011).

El resultado lo conocemos: cayó el gobierno de Yanukovich y asumió el poder un representante de la oligarquía ucraniana, con fuertes lazos con los movimientos neonazis, profundamente arraigados en ese país. Esto llevó a Rusia a impulsar un referéndum en Crimea, donde tiene la principal base de la flota del Mar Negro y donde el 90% de la población es rusoparlante. El resultado fue la anexión de Crimea a la Federación Rusa.

Simultáneamente, el gobierno de Vladimir Putin incentivó la rebelión de las regiones ubicadas en la cuenca del río Don, lo que dio lugar al surgimiento de dos repúblicas independientes, Lugansk y Donetsk, y motivó el inicio de la guerra de sus milicias, apoyadas por Rusia, contra el ejército de Ucrania, que trataba de recuperar la región. El conflicto se intentó cerrar con los llamados Acuerdos de Minzk, en que Rusia se comprometía a no reconocer la independencia de las regiones rebeldes, y Ucrania a proponer un estatuto de autonomía especial para estas regiones, que tienen una población de mayoría rusa.

Luego de ocho años se estima que han muerto cerca de 15 mil civiles en el Dombass, producto de las rupturas por parte de Ucrania del alto al fuego acordado, dado que, muy tempranamente, el gobierno ucraniano de Petro Poroshenko declaró que no cumpliría el acuerdo firmado.

¿Rusia tenía que invadir Ucrania? Sí. Estaba obligada a hacerlo y neutralizar la capacidad ofensiva y defensiva del país, lo que supone un enfrentamiento en todo el territorio, ojalá con los menores impactos colaterales en vidas de civiles, para evitar mayores costos frente a la opinión pública internacional. ¿Por qué ahora? Porque una vez que Ucrania ingresara a la OTAN, Rusia no podría hacer nada para evitar la amenaza, a condición de exponerse a un enfrentamiento con la Alianza y el riesgo alto de que, en inferioridad de condiciones, ese enfrentamiento derivara en el uso de armas nucleares. Para evitar ese escenario, Rusia debía invadir ahora a Ucrania de manera inevitable.

Ciertamente la situación no es resultado de un sino trágico e ineluctable. Las acciones de los distintos agentes involucrados tienen como trasfondo el amplio mercado del gas natural en Europa, actualmente en manos de Rusia, y al que desea acceder Estados Unidos con su gas natural licuado.

Las alternativas de desenlace

Si el proceso se decanta según los intereses de la UE y USA, lo que significa que Rusia se retira de Ucrania aceptando que este país ingrese en la Alianza Atlántica. Estados Unidos habrá ganado un gigantesco mercado para su gas natural de esquisto y al mismo tiempo cercado finalmente a Rusia, neutralizándola como adversaria en el orden mundial. En esa condición podría volverse con más libertad contra su nuevo desafiante, China.

Si, por el contrario, el proceso se decanta en favor de Rusia y Ucrania se convierte en un país ocupado o que acepta alguna forma de neutralidad, se acelerará la ruptura de la Alianza Atlántica y Europa deberá buscar una nueva identidad propia que no reniegue de la parte oriental del continente y, más que competir, aprenda a colaborar con sus parientes eslavos.

La única situación intermedia que existe es que no se produzca una salida clara en Europa y el conflicto se enquiste. En ese caso, el contendiente mejor aspectado es Rusia, por cuanto los acuerdos establecidos con China le permiten mantener el volumen de sus exportaciones de gas y al mismo tiempo cerrar una alianza más estrecha con el gigante asiático. En ese cuadro, los damnificados son Europa y USA: los primeros, porque quedan energéticamente en manos de USA y con una independencia política reducida, y los segundos, porque verá, inexorablemente, desplazarse el eje de la hegemonía mundial desde el Atlántico hasta el Pacífico.

Los procesos de la política internacional poco tienen que ver con las caricaturas que se pintan como parte de la guerra de información que rodea a los conflictos. El mundo de buenos y malos está muy alejado de la realidad y da muy poca cuenta de las reales causas que explican la Historia.

Patricio Escobar, Barcelona

Febrero ; 2022

OPINIÓN: Candidato ultraderechista en Chile peor que Pinochet. Por Atilio Borón

KAKA

La estrecha victoria de Kast  en la primera vuelta de la elección presidencial (apenas unos 150.000 votos de diferencia con Gabriel Boric sobre 7 millones) coloca a Chile país al borde de un siniestro desenlace.

Detrás de este Führer de opereta, orgulloso de sus ancestros nazis y admirador confeso de un tirano –y también ladrón- como Augusto Pinochet, hoy se agrupan en tropel los restos en descomposición de la derecha chilena tradicional. Sus pérfidos personeros, anidados en varios partidos, que al principio lo despreciaban y se mofaban de sus ridiculeces ahora lo exaltan como el mesías destinado a salvar a Chile de las garras de los vándalos de la izquierda, o de los alienígenas que la esposa del presidente Sebastián Piñera creyó ver en las grandes jornadas de octubre del 2019.

Kast, como Jair BolsonaroDonald Trump y Santiago Abascal (el líder de Vox, de ardiente nostalgia por los buenos tiempos de Francisco Franco y la Santa Inquisición en España) son las excrecencias que segrega la sociedad capitalista una vez comenzado su irreversible ocaso. Las buenas maneras y las hipócritas invocaciones a la democracia y los derechos humanos ceden su lugar a los vómitos de estos esperpentos que aceleran la marcha de la humanidad hacia su destrucción. Desde allende los Andes llegó el saludo exultante de Javier Milei, otro demagogo de la misma estirpe, que en un tuit enviaba sus “felicitaciones por lograr plasmar en votos una propuesta superadora para Chile y que al mismo tiempo lo aleje del socialismo empobrecedor. VIVA LA LIBERTAD CARAJO.” En plena sintonía con la estupidez del argentino, Kast respondió diciendo “Muchas gracias querido Javier. ¡Viva la libertad en Chile y Argentina carajo!”


Más allá de estas manifestaciones lo que importa es lo que este sujeto y la caterva reaccionaria que lo rodea y aúpa (y que celebró su triunfo el día lunes con una significativa suba en la Bolsa de Comercio de Santiago) es el proyecto concreto que se propone imponer en caso de ser electo presidente de Chile. El “Programa de Gobierno” de Kast está expuesto en un extenso documento de 204 páginas que lleva por título «Atrévete Chile» y que se abre con un “Manifiesto Republicano” en el que se exponen los males que aquejan a ese país: “el castigo progresivo a la propiedad; el fomento de un estado interventor; la identificación de enemigos irreductibles como la empresa privada y el sistema de mercado; la protesta violenta y el vandalismo como justificación a la trasgresión de normas e irrespeto a la autoridad; resurgimiento de un discurso falaz de corte neo-marxista de lucha de sexos, razas, orientaciones sexuales, visiones corruptas de derechos humanos, de interpretación de la ciencia (y el) hostigamiento a la fe cristiana.” (pg. 3) A continuación viene una extensa enumeración de los 829 (¡Sic!) correctivos exigidos para remediar tan lacerante situación. No viene al caso reproducirlos aquí, pero invito a mis lectores que hagan un esfuerzo y se animen a hurgar en ese maloliente basural de propuestas reaccionarias para caracterizar con precisión lo que le espera a Chile si este Führer de cantinas de mala muerte llegara a La Moneda.

Como muestra, algunos botones:

# 72 “reforzar la vinculación de Chile con Estados Unidos, Reino Unido, Japón y Alemania, como cabeza de la Unión Europea, como socios políticos estratégicos. También propiciamos estrechar vínculos con países del Asia Pacífico, por su creciente importancia económica.” Por supuesto, para Kast y sus sesudos consejeros China no existe.

# 74 “un aspecto importante en el tema de la seguridad es evitar que actores políticos nacionales busquen alianzas transnacionales con el objeto de aumentar sus probabilidades de llegar al poder en Chile, e incluso hacerlo de manera irreversible. Un grave peligro es la tendencia histórica de regímenes subversivos como Cuba y Venezuela de apoyar por medios ilegales y ocultos a grupos y partidos políticos de la extrema izquierda chilena, frente a lo cual nuestros gobiernos electos han mostrado extrema debilidad y tolerancia.” La vieja teoría que dice que los conflictos y las luchas sociales llegan al idílico Chile desde el exterior; antes desde la Unión Soviética, hoy desde Cuba y Venezuela.

Y a continuación otro dislate propio de un cavernícola y que yo como orgulloso graduado de la FLACSO no puedo dejar de mencionar. La recomendación número 77 de su programa advierte que “caso especial merece la situación de la FLACSO, entidad de pretendido carácter académico, que desde hace décadas ha derivado en el activismo político y en el refugio laboral de ex políticos nacionales y extranjeros. Esta entidad será notificada del fin de sus operaciones en nuestro país.” La verdad es que hacía años que no encontraba a personas tan ignaras y primitivas como los redactores de este adefesio, incapaces de valorar las credenciales académicas internacionales de la FLACSO. El programa continúa afirmando en su numeral 82 que “Retiraremos a Chile del Consejo de Derechos Humanos de la ONU”, algo que ya se presentía en el numeral 30 donde se anunciaba la “Clausura del actual Instituto Nacional de Derechos Humanos y su reemplazo por una institución transversal dedicada a la defensa efectiva de los DDHH de todos los ciudadanos.” El acápite siguiente, el 31, promete “más cárceles para Chile y más protección y beneficio a Gendarmes…. Se acabó el Garantismo”.

El remate de este proyecto fascista y grotesco a la vez es una re-edición del lúgubre Plan Cóndor, que en tiempos de Pinochet, Videla y compañía cegara la vida de miles de latinoamericanos y condenara al exilio a otros tantos. El # 33 declara, sin ambages, que se avanzará en la “Coordinación Internacional Anti-Radicales de Izquierda. (¡Sic!) Lo que está pasando en Colombia no es casualidad. Se repite modelo del estallido antisocial en Chile. Nos coordinaremos con otros gobiernos latinoamericanos para identificar, detener y juzgar agitadores radicalizados.” Pinochet ejecutó el Plan Cóndor, pero jamás confesó su existencia. Kast, en cambio, lo anuncia con el pecho inflado de prepotencia y buscando el guiño cómplice de Washington.

En resumen: un programa pautado según el grito de guerra del franquismo: “¡Viva la Muerte!” y combinado con un programa económico ultraneoliberal. En pocas palabras: este energúmeno ha logrado lo que hasta ahora parecía imposible: que apareciera en Chile un político más reaccionario, despótico y violento que Pinochet. Kast lo hizo. Ojalá que el electorado despierte a tiempo y evite que este monstruo acceda a la presidencia y hunda a la tierra de Salvador Allende, Victor Jara, Pablo Neruda, Gladys Marín, Violeta Parra y tantas otras y otros en la barbarie.

ATILIO BORON, Sociólogo, académico y politólogo argentino.

 

 

MODATIMA Apunta A LA PDI y a Piñera TRAS DEPORTACIÓN IRREGULAR de COLOMBIANA, acusan persecución política

colombia

Mediante esta declaración queremos denunciar el abuso y la persecución política del Gobierno de Chile de Sebastián Piñera y de la Policía de Investigaciones de Chile en la frontera del aeropuerto Arturo Merino Benitez, tras retener y deportar a la comunicadora social Natalia Cardona, ciudadana colombiana y compañera de la lucha por la defensa del agua en América Latina.

  1. Natalia Cardona Rivillas, ciudadana colombiana, comunicadora social, estudiante de sociología de la Universidad de Antioquía y trabajadora de la Corporación Ecológica y Cultural Penca de Sábila y parte de la Red Vida de Latinoamérica, llegó el día martes 8 de diciembre a las 16.15 al aeropuerto Pudahuel de Chile en el vuelo LATAM LA0531.
  1. Natalia llegó con todos sus documentos personales al día, incluidos los documentos obligatorios por las medidas sanitarias por el covid-19, entre los que estaba el examen PCR negativo que acreditaba su estado de salud.
  1. Natalia fue retenida por el funcionario de la PDI Nibaldo André Donoso Espina, encargado de la PDI del aeropuerto, siendo consultada sobre el motivo de su viaje e incomunicada sobre esta situación, obligándola a abrir su equipaje, habiéndole apartado sus libros de sociología y literatura latinoamericana, revisando sus redes sociales, un blog personal, fue interpelada como “agitadora” por parte del funcionario, tras haberle encontrado entre sus pertenencias una polera del “perro matapacos” y llamados a movilizarse en Colombia por la defensa de los DDHH.
  1. La retención duró 7 horas dentro del aeropuerto, incomunicando de su paradero a su pareja, chileno, militante y dirigente de MODATIMA – CHILE y residente de la comuna de La Granja, lo que constituye un acto de discriminación evidente, pues una ciudadana colombiana que su residencia en Chile está en esta comuna de la Región Metropolitana, fue inmediatamente argumento para revisión rutinaria de drogas y que, por supuesto, no encontraron nada.
  1. Natalia fue deportada por la PDI en un vuelo LATAM a las 01.15 del 9 de diciembre, habiéndose justificado la decisión del funcionario como “agitadora” en un contexto de movilización social en Chile, siendo que la compañera venía a visitar a su pareja por 2 meses y medio, una situación dentro del marco de la ley y los principios básicos de cualquier democracia.
  1. Esta situación fue denunciada por la Dirección Nacional de MODATIMA – CHILE ante el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) en el momento, y pese a que los abogados de esta institución se intentaron contactar con los funcionarios de la PDI del aeropuerto, se comunicaron con Natalia, sin embargo, ella fue subida a la fuerza al avión de vuelta a Colombia.
  1. En los papeles de deportación se cometieron irregularidades, diciendo que no tenía consignado un domicilio claro en Chile y que no tenía suficiente dinero, habiéndole solo considerado el dinero en efectivo y no en las tarjetas de crédito que mostró. Por tanto, los motivos que consignó la PDI en el documento oficial distan mucho de la situación que se vivió en el aeropuerto, habiendo señalado en varias ocasiones el activismo y la posición política de Natalia.
  1. Finalmente, queremos dejar constancia que en Chile se cometen actos de discriminación y persecución política como estos, y siendo Colombia uno de los países más peligrosos de América Latina para las dirigencias sociales, indígenas y ambientales, nuestra organización ya ha sido objeto de persecución e investigación de parte de los organismos de inteligencia en Chile, por el solo hecho de defender los bienes naturales comunes. No pararemos de denunciar estos graves hecho del régimen autoritario, con violación a los DDHH y extractivismo neoliberal en el que vivimos.

Como Movimiento de Defensa por el acceso al Agua, la Tierra y la protección del Medio Ambiente (MODATIMA) hacemos un llamado al pronunciamiento público del gobierno, del ministerio de relaciones exteriores, de extranjería y de la Policía de Investigaciones de Chile (PDI) sobre este acto de discriminación y persecución política de Natalia Cardona por parte del régimen autoritario, dictatorial y fascista de Sebastián Piñera, habiendo sido deportada por activista y luchadora por la defensa de las aguas.

Exigimos la revisión de este caso y su reversión en torno a devolverle el pasaje a la compañera y permitirle el ingreso al país en los próximos días.

MODATIMA – CHILE
09-12-2020

11 de abril: Referéndum por la Asamblea Constituyente Plurinacional. por Guillermo Bermejo desde Lima.

guillermo

Mal haríamos si permitimos que tanto esfuerzo en las calles, si tanto despliegue a nivel nacional, si la heroicidad de la juventud del bicentenario, si el acompañamiento desde los barrios, si nuestros mártires, heridos, presos y desaparecidos, todo esto que ha conmovido a la nación, termine en un simple recambio de fuerzas y liderazgos al interior de la derecha gobernante.

Porque mientras el pueblo pone la piel y la sangre la oligarquía de este país juega descaradamente al regreso del corrupto Vizcarra al poder y otros a ver como se reparten el poder, cambiando caras para que nada cambie. El gran temor en las elites empresariales y de gobierno es que saben que ese pueblo que salió hace una semana ya no es el mismo hoy. En el camino de la represión y la resistencia, de ir expectorando oportunistas, las preguntas de porque todo esta tan mal tuvo como respuesta: el modelo. Y ese modelo, entendieron los jóvenes rápidamente, esta cimentada en la constitución de Fujimori y Montesinos. Esa constitución fraudulenta que abandona al país entero a su suerte en materia de salud, educación, vivienda y trabajo. La misma que nos vuelve clientes en lugar de ciudadanos. La misma que nos hace ver como saquean nuestras riquezas naturales, dejando una estela de pobreza y destrucción del medio ambiente, de muertos, heridos y encarcelados si se rebelan. Carta que abandona a su suerte al agricultor y que no pretende en lo más mínimo siquiera cumplir con la tarea de la industrialización del país. Constitución que nos encadena a contratos ley intocables y a tratados comerciales enemigos de los pueblos de por vida.

Y en ese acelerado aprendizaje de esta semana, se sintió florecer lo sembrado décadas atrás por otras generaciones. Ya no es solo que se vayan todos, consigna que puede resultar anarquizante o una invitación a la aventura militar, ahora la consigna es clara: Asamblea Constituyente y Nueva Constitución. La necesidad de recibir el bicentenario refundando la patria con una carta magna que nos entregue los derechos que están en los sueños de los que aman este Perú, tan generoso en riquezas y posibilidades, como desigual.

Desde Perú Libre hemos sido consecuentes con esa tarea a pesar del ataque de los medios y lejos del oportunismo de otros grupos políticos, liberales y caviares, que se acuerdan de esta consigna solo en elecciones, pero que a la hora de representarnos en el parlamento se olvidan de tocar el tema porque en el fondo no lo sienten, no lo entienden, ni están en la capacidad ni la valentía de enfrentarlo. La asamblea constituyente es una tarea histórica y en quien caiga la responsabilidad de conducir el país en los próximos meses debe caer también la obligación de unas elecciones limpias este 11 de abril y para esa misma elección convocar a referéndum por una asamblea constituyente que redacte una nueva constitución.

Esa Asamblea Constituyente debe ser plurinacional por la necesaria reivindicación de nuestros pueblos. Y debe estar conformada, además de los partidos políticos, por Sindicatos de trabajadores, Gremios campesinos, estudiantes organizados, comunidades campesinas y pueblos originarios. Y con eso queda triturada la posibilidad de repartijas entre las mafias políticas a espaldas del pueblo y se le da voz a las organizaciones que tienen tanto que decir y mas representatividad que muchas organizaciones políticas.

Que esta Asamblea Constituyente tenga olor a barrio, a selva, a valle y montaña. Que tenga el rostro de los jóvenes y el abrigo sabio de los que luchan y los que creen. Y que nadie evite que se de el 11 de abril. Porque esta vez no se trata solo de cambiar de presidente, sino de darle al pueblo la posibilidad de escribir su propia historia.

Hasta la Victoria Siempre

Por Guillermo Bermejo Rojas, especial para SICNoticias desde Lima